sábado 07.12.2019

La utilidad del pacto López-Basagoiti

El pacto político hallado entre el PSOE y el PP en el País Vasco, para la investidura del socialista Patxi López como lehendakari, que garantizó la alternancia en el poder de esta Comunidad hasta hace poco en manos del PNV, es bueno para el País Vasco y bueno para España, porque gracias a ese acuerdo se han recuperado derechos y libertades esenciales en Euskadi, además del respeto a la legalidad democrática y a la propia democracia, sin olvidar lo que todo ello significa para el reconocimiento de las víctimas de ETA y el principio del fin del terrorismo, que sólo será posible mediante la unión de los demócratas y el imperio de la ley. Sobre todo una vez que, por tercera vez, fracasaron, como no podía ser de otra manera, las negociaciones de los gobernantes españoles con los jefes de la banda del terror.

López y Basagoiti han dado un buen ejemplo en España de cohesión y de responsabilidad política, y es lamentable que no hayan llevado el pacto a sus últimas consecuencias, por ejemplo en la Diputación de Álava, donde PNV gobierna sin la mayoría suficiente en menoscabo del PP, y en otras muchas instituciones y cargos públicos, donde la extensa red nepotista del PNV se extendió como una metástasis para consolidar su régimen de poder y jugar al independentismo con la boca chica. Que es a lo que juega, tanto en el País Vasco como en Cataluña, la burguesía política nacionalista, que vive de eso, de la amenaza independentista que ellos mismos no quieren al saber que no les seguirían los ciudadanos, ni los poderes económicos, ni se podría llevar a cabo en el vigente marco legal español y europeo.

Al pacto ejemplar entre López y Basagoiti se unió, como algo excepcional y de gran importancia, la sentencia de la Corte Europea de Estrasburgo que condenó a Batasuna como brazo político de la banda terrorista ETA, y la dejó fuera de cualquier ámbito democrático en España, Europa y el mundo libre, algo de lo que no quiere enterarse el PNV, que sigue con el peligroso juego de la ruleta rusa del pistolón de ETA, como se ha visto en la pasada manifestación del País Vasco a favor de Otegi y su troupe.

Si a todo ello añadimos la continua caída, a manos de fuerzas de seguridad de España y Francia, de los dirigentes y de los comandos de ETA, como los capturados ayer en el país galo, y las luchas internas entre los cabecillas de la banda y sus dirigentes encarcelados, veremos que ETA nunca ha estado peor, por la unidad de los demócratas, la claridad del marco judicial que los condena y la eficacia policial a una y otra ladera de los Pirineos. Y, desde luego, se equivoca el PNV dando oxígeno a los terroristas, y no digamos los otros partidos minoritarios de su entorno, EA y Aralar, en los que Otegi había puesto el ojo como sus futuras marcas blancas para sortear el cerco judicial. Algo hoy muy difícil de perforar que podría acabar con estos dos partidos que dicen condenar la violencia, pero que no son consecuentes con esa actitud, por lo que podrían acabar, ellos también, ilegalizados sin que nadie -y menos el PNV, que sería beneficiario de su expulsión de cualquier proceso electoral- saliera en su defensa, visto el escaso apoyo social con el que cuentan EA y Aralar.

El único problema o nubarrón que amenaza el pacto histórico del PSOE y del PP en el País Vasco son los problemas de estabilidad de Zapatero en el Parlamento (ha tenido que recurrir al PNV para sacar ahora adelante los Presupuestos del Estado del 2010), y los de Rajoy en el PP. Y harían bien López y Basagoiti en no mezclar su política autonómica con la crisis de cohesión y estabilidad nacional, evitando López la tentación de un pacto con el PNV como cada dos por tres le sugiere Urkullu; y Basagoiti todos sus desplantes de "heroicidad", con los que le reprocha a la dirección del PP sus discrepancias con el PNV, por ejemplo, a propósito del "blindaje" acordado para el Concierto vasco.

Que se cuiden López y Basagoiti de las grandes intrigas de Madrid, porque de su acuerdo y estabilidad dependen demasiadas cosas importantes para la cohesión de España, la democracia y la libertad. Y nadie les perdonaría que faltaran a esos principios por culpa de unas intrigas tácticas de poder. Más bien al contrario, su ejemplo debería ser modelo de entendimiento para dar una respuesta nacional a la crisis económica y social española, aunque eso es al día de hoy demasiado pedir porque figura en el epicentro de la batalla electoral nacional, incluso con dos años y medio de antelación. Lo que no deja de ser un mal añadido que impide la recuperación de la confianza y de la reactivación económica y social.

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