domingo 15.12.2019

Rajoy exhibe los "resultados"

Reapareció Rajoy exhibiendo la cabeza de Ricardo Costa, como trofeo de su liderazgo sobre el PP de Valencia y los intentos de rebeldía de Camps, y dio la clave que explica su estrategia y posición: "La vida son los resultados, y los resultados son los que son". Y están claros: Costa liquidado, Camps debilitado y Aguirre avisada. Porque se cargó a Costa por muchas menos responsabilidades políticas de las que tiene el secretario general del PP de Madrid, Francisco Granados, por lo ocurrido con la trama de Correa en la Comunidad y los pueblos infectados de Madrid, y como el responsable político que es del espionaje interno del PP. Pero, aunque en Valencia no hubiera imputados -por ahora- el PP debía de hacer algo en ese territorio como algo se hizo en Madrid con los imputados, y en la sede central del PP, con Bárcenas. Y de momento ahí se queda la escabechina a la espera de nuevos sobresaltos.

Lo que no ha dicho Rajoy en su intervención sobre el 'caso Gürtel' es que hay dirigentes del PP y medios de comunicación de la derecha extrema que están aprovechando el escándalo político y mediático de la trama de Correa para volver a poner en tela de juicio el liderazgo del presidente del PP. El presidente del PP hizo sólo una alusión a la banda conspiradora que lidera y "financia" Aguirre desde la Puerta del Sol: "No acepto presiones de nadie".

De eso Rajoy no dijo nada ayer en su reaparición pública, como tampoco quiso decir nada sobre las claras responsabilidades políticas de Francisco Camps en las andanzas valencianas de 'el Bigotes', porque si lo dice y sube un poco el "nivel de de las exigencias" políticas que le aplicó a Ricardo Costa, Rajoy habría tenido que hacer lo siguiente: pedirle la dimisión de Camps, convocar un congreso extraordinario del PP valenciano y, luego, provocar el adelanto de las elecciones autonómicas en esa Comunidad.

Y todo eso era demasiado traumático cuando nadie del PP está imputado en Valencia, y lo que hay son informes sumariales y toda clase de sospechas. De manera que Rajoy optó por la cabeza fácil de Costa, quien además se la puso en bandeja al desafiar al presidente del PP en aquella declaración chulesca con la que decía defender su inocencia y en la que dio prueba de su nula capacidad política porque estaba en juego ni más ni menos que su cabeza o el liderazgo nacional del PP. Y, naturalmente, su cabecita loca cayó rodando a los pies de su amigo Camps, a cuyas sayas se agarraba llorando inútilmente el defenestrado, que tardó demasiado en darse cuenta de que no podía escapar.

Por todo ello era imposible que Rajoy pudiera explicar por qué cortó la cabeza de Costa y no la de Camps, de quien además se dice que anda en tratamiento psiquiátrico, lo que no sería de extrañar visto lo que hace y dice y la sonrisa floja que exhibe mientras su liderazgo se desinfla sin cesar. De hecho, ayer Rajoy le quitó a Camps el escudo de Costa y ahora lo tiene a la intemperie y a su merced. Por todo ello, Rajoy no tenía respuesta para la pregunta de por qué caía uno y el otro no. Y luego el de Pontevedra hizo encajes de bolillo para explicar el laberíntico proceso de la destitución de Costa que, a todas luces, fue irregular y al margen del celebrado Comité Ejecutivo del PP valenciano entre aplausos y silencios, pero sin votación ni dimisión. Da igual, aquí, como dice Rajoy, "lo importante son los resultados y los resultados son los que son". Y a la vista están.

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