lunes 21.10.2019

La naranja mecánica de Camps

Si España está tan mal gobernada y sumida en una profunda crisis social y económica, como lo piensan la mayoría de los ciudadanos y lo denuncia el PP desde la oposición, ¿quién podría explicar a los españoles este gran e irresponsable espectáculo político de luchas internas de poder mezcladas con la corrupción que nos está ofreciendo en estos días el Partido Popular, con el desaparecido Mariano Rajoy a la cabeza, actuando tarde y mal para frenar la hemorragia de decencia y credibilidad que está desangrando esta formación política?

Es verdad que quien lanza las bombas de racimo sobre las huestes del PP, repartiendo el sumario de 'Gürtel' por entregas calculadas sobre los medios de comunicación, provocando un espectáculo mediático de larguísima e incierta duración, puede ser el mismo Rubalcaba, a quien Aguirre cantó el cumpleaños feliz. El hoy ministro de Interior que ya orquestó la ofensiva mediática con la que Zapatero alcanzó el palacio de la Moncloa en aquellas elecciones del 2004, utilizando los doscientos muertos de la gran masacre islámica del 11-M, y los graves errores y grandes mentiras de Aznar y su gabinete de crisis donde estaban Acebes, Zaplana, Timermans y Aragonés. Un equipo fallido que, para tapar su responsabilidad, se subió al carro de la conspiración del 11-M, pertrechado por el diario El Mundo, y lanzado en el fantasmagórico escenario de los remotos desiertos y las lejanas montañas.

Rubalcaba, amigo de Garzón, jefe del fiscal general y de la policía judicial, dueño de los primeros servicios de información del Estado y artista en estas lides del "birle birloque", además de controlador de servicios de seguridad de grandes empresas privadas -"la orquesta"-, está decidido a ofrecerle a su jefe Zapatero una nueva victoria electoral en el 2012. Para lo que tendrán que dinamitar el PP, como sea y lo antes posible, no vaya a ser que la crisis de la economía destruya antes lo que va quedando del liderazgo de Zapatero, ahora que el presidente le ha tomado gusto al Despacho Oval de Obama, y canta suras del Corán en la mezquita de los Omeyas de Damasco, como si ya fuera el nuevo profeta de la alicaída Alianza de Civilizaciones.

Sin embargo, la pretendida e ingente tarea destructiva de Rubalcaba y sus adjuntos no sería posible sin la inestimable ayuda de la dirección nacional del PP, por su flagrante ausencia y la falta de autoridad, y por las guerras cainitas de los barones regionales del partido. Amén de por la permanente intromisión y manipulación del clan mediático de la extrema derecha del PP, que "financia" Aguirre y controla El Mundo a pachas con Zapatero y con el clan de La Sexta ante las sonrisas obsequiosas y sumisas de los jefes de la desmadejada banda popular.

El 'caso Gürtel' difundido por entregas ante una desarbolada oposición viene a ser como un serial televisado de terror, ante el que los populares no tienen ni criterio ni estrategia. Van improvisando, como Zapatero en la economía, y un día les estalla en Madrid, otro en Valencia y al tercero en Baleares con un asunto colateral, pero perfectamente sincronizado en tiempo y forma. Es como si un malvado de películas americanas, de esos que quieren dominar el mundo y contra los que luchan el Agente 007 o el mismísimo Supermán, estuviera a los mandos del temporal político español.

Así hemos visto esa tormenta casi de verano, del veranillo de San Miguel, que ha volcado sobre la capital del Turia lluvias torrenciales que anegaron los despachos de las instituciones valencianas y especialmente la sede del Partido Popular en dicha Comunidad Autónoma que preside un personaje, Camps, quien con su nariz de pinocho y máscara de sonrisa -como la del protagonista de la película de Kubrick La naranja mecánica- nos lleva de sorpresa en sorpresa y por el camino de una cierta violencia política, que desdice su pretendida y no vista capacidad, honradez y talante democrático.

Todo ello envuelto en un equipaje de mentiras (a la opinión pública, jueces, fiscales, su partido, su presidente nacional, Rajoy, y su ex secretario general Costa -de chulo desafiante a llorón-) y con una aparente sonrisa angelical -"el curita", le llamaba 'el Bigotes'-, con la que Camps un día dice una cosa, tras desafiar a Rajoy y Cospedal, y veinticuatro horas después se achanta y nos dice lo contrario, como si no hubiera cambiado de opinión. Y como si todos los ciudadanos de este país, empezando por los valencianos, fueran idiotas.

Pues bien, mientras la tormenta valenciana derrama sus últimos truenos y relámpagos en esa Comunidad -ahora resulta que el sustituto de Costa en sus años mozos admiraba a Hitler y negaba el holocausto-, el grueso del frente borrascoso se traslada hacia las islas Baleares, donde el juez del caso del asombroso estadio Palma Arena (que no sirve y les costó 100 millones) citó a declarar como imputado al ex presidente mallorquín y ex ministro de Aznar Jaume Matas, y a su esposa, en un sumario -uno de los muchos de corrupción de su herencia política- donde ya están imputados su cuñado y otros altos dignatarios del que fuera su Gobierno balear.

¿Dónde estallará el próximo racimo de bombas famosas del 'caso Gürtel' y con qué nuevos personajes, grabaciones ilegales o autorizadas, y papeles de la parte oculta del sumario? Antes habrá que exprimir la naranja mecánica y valenciana de Camps. Pero todo apunta a que los nuevos relámpagos y los truenos se verán y escucharán sobre el cielo de Madrid, donde todavía queda mucha tela que cortar.

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