jueves 12.12.2019

El linchamiento de Cobo

A Alberto Ruiz-Gallardón le pusieron un puente de plata para abandonar el PP e iniciar una cabalgada solitaria por el centro político español cuando el presidente del partido, Mariano Rajoy, le negó su integración en las listas del PP al Congreso de los Diputados en las elecciones generales del 2008, con la excusa indecente -por parte de Rajoy- de que Aguirre se oponía a la petición legítima del alcalde de Madrid. En ese momento Gallardón dudó y estuvo estudiando la posibilidad de presentarse, por su cuenta, a los últimos comicios europeos pero no se atrevió.

Ahora Gallardón está en la encrucijada final y debe apostar con fuerza y hablar alto y claro, porque de aquel puente de plata y ancho camino de fuga acaba de pasar a una oportunidad obligada y de oro de dar la cara frente a los dos: Aguirre y Rajoy. Y ante sus compañeros de partido, si se confirma el pretendido linchamiento de su número dos, Manuel Cobo, a manos de la dirección nacional del PP, como moneda de cambio para que Rajoy le gane el pulso a Aguirre y logre imponer a Rato en la presidencia de Caja Madrid. Sabedor Rajoy de que si Rato no colma pronto su ambición entonces exigirá la presidencia del PP, en medio del clamor de dirigentes, militantes y votantes del partido.

De manera que la cabeza de Cobo sirve para calmar la sed de sangre de la nueva Torquemada y vampiresa "liberal" madrileña, así como para salvar la cabeza de Rajoy ante la larga sombra de don Rodrigo, que se proyecta amenazante sobre el liderazgo del PP. Algo que acaba de detectar Zapatero y por eso se ha apresurado a decir que no tiene nada contra la presencia de Rato en Caja Madrid, temeroso el presidente del Gobierno de una oposición liderada por el ex vicepresidente económico de los gobiernos de Aznar.

La situación en el PP es tan grave que ayer mismo quedó desestabilizado el Ayuntamiento de Madrid, por la rebelión de 13 concejales del PP afines a Aguirre que votaron, en el grupo municipal popular, contra Cobo y contra Gallardón, que salvaron por poco -19 contra 13, y 2 ausentes- la votación. La que dejó al alcalde a la intemperie y a merced de un posible pacto de los concejales de Aguirre con los del PSOE, al estilo del que ella misma logró con Tomás Gómez a propósito de Caja Madrid.

Y todo esto ha ocurrido ante las narices de Rajoy, igual que la repugnante campaña de "adhesión inquebrantable" de alcaldes madrileños aguirristas, exigiendo el linchamiento de Manuel Cobo, por unas declaraciones que en nada son injuriosas, porque constituyen un relato de hechos verdaderos de los desafueros de Aguirre contra la dirección nacional del PP.

Para recomponer tan grave situación Rajoy no tienen más que una salida o solución: la constitución de una gestora en el PP de Madrid que le quite a Aguirre todo el poder del partido madrileño y su influencia decisiva sobre las listas de la Asamblea de Madrid, de los ayuntamientos "linchadores" y de los concejales rebeldes contra Gallardón. Pero Rajoy no se atreve a dar el paso, que debió dar hace ya varios años para cortar el cáncer de raíz, y se encuentra confundido en medio del huracán aguirrista que acaba de poner en peligro la estabilidad del Ayuntamiento de Madrid.

En todo caso, el principal culpable de la galopante crisis de autodestrucción cainita del PP no es otro que Rajoy, por su falta de autoridad y de valor a la hora de enfrentarse, de una vez por todas, a Esperanza Aguirre, presidenta madrileña que lleva varios años dedicada a destruir y a desestabilizar toda la dirección nacional del PP. Con la misma desvergüenza y deslealtad con la que exige el linchamiento de Cobo -espiado por ella, o por su gente-, o la presidencia de Caja Madrid para ese personaje bajo toda sospecha que es I. González. El que si tantas cualidades reúne para presidir el cuarto banco de España no entendemos por qué Aguirre quiere desprenderse de semejante genio financiero en estos momentos de crisis económica, provocando en su Gobierno un vacío de poder que sería imposible de rellenar. Bueno, por ahí está el pájaro de Granados, otro que en eso de las sospechas no le tiene nada que envidiar a su compañero I. González, a quien si le falla lo de la Caja de Madrid, siempre le quedará el Banco de España o la Reserva Federal.

En fin, ha llegado el momento de Rajoy, y también el de Gallardón. Y se van a equivocar quienes piensen que la partida -o el TBO, como dice la presidenta- es muy larga, porque no hay partido que resista este extenuante proceso de destrucción. Y si las cosas siguen como van alguien pedirá un congreso extraordinario del PP o un urgente Comité Ejecutivo Nacional, para que todos puedan hablar con plena libertad, aquí incluidos como dos invitados especiales el presidente fundador, Manuel Fraga, y el presidente de honor, José María Aznar.

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