martes 4/8/20

Los polémicos escáneres son necesarios

Me llama poderosamente la atención ver cómo hay personas realmente ofendidas por la idea de que se les haga pasar por un escáner corporal en un aeropuerto para garantizar su seguridad y la del resto de viajeros. Respeto su forma de pensar, claro está. Pero, simplemente, no la entiendo. Hay quienes alegan que con esta nueva técnica se viola su privacidad y su derecho a la intimidad. Y los hay convencidos de que se ponen en riesgo las libertades individuales. De hecho, aunque el tema esté ahora mismo de actualidad, lo cierto es que ya se llevó a cabo una primera experiencia hace menos de un año en el aeropuerto de Niza, que se abandonó precisamente por las protestas de asociaciones de defensa de dichas libertades. A nivel personal, me parece un avance tan importante que, de haberlo tenido listo hace diez años, las Torres Gemelas podrían seguir hoy en pie.

El intento de atentado aéreo perpetrado por un joven nigeriano hace escasos días en un vuelo Ámsterdam-Detroit ha vuelto a llamar la atención sobre la necesidad imperiosa de mejorar la seguridad en los aeropuertos de todo el mundo. En esta ocasión el terrorista llevaba los explosivos pegados a las piernas y burló todos los controles. Un escáner corporal lo habría detectado. El mismo tipo de escáner al que muchos se oponen, sin conocer siquiera sus auténticas posibilidades.

Después de los primeros pasos en Estados Unidos, Francia ya ha empezado a instalar dichos aparatos para controlar el acceso a los vuelos con destino al país norteamericano. La diferencia con el concepto inicial -que muchos detractores del invento no conocen- es que la imagen puede ser modificada. En esta andadura experimental gala, lo que verá la persona encargada de revisar a los pasajeros no será un cuerpo desnudo, sino un conjunto de formas reconstituidas en tres dimensiones en las que, además, aparecerán borrosas las partes correspondientes a los genitales y también a la cara. Así lo ha hecho público la Dirección General de la Aviación Civil francesa. De ese modo se preserva la intimidad, cuidando la seguridad. No son, en este caso, conceptos incompatibles.

En España, como siempre, no veremos todavía esta joya tecnológica. De todos es sabido que a nuestros gobernantes les gusta ser los últimos en todo, y esperarán a que sea obligatorio en la Unión antes de mover un dedo. Así empezamos la Presidencia Europea: estando a la cola en todo; sin el más mínimo atisbo de cambio; y con un futuro tan borroso como los genitales de los escáneres franceses. www.miguelangelrodriguez.net

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