viernes 21/1/22

A Europa le sobra el taumaturgo

Los que hasta hace unos días flagelaban a Rubalcaba atribuyéndole, con o sin fundamento, toda clase de perversiones como alto responsable de la Seguridad del estado, de repente, tras los últimos descalabros infligidos a ETA y la gradual confirmación de sus avisos sobre los preparativos terroristas de la banda, han decidido canonizarle o poco menos. Cualquier día de éstos volverán a sacar a relucir el presunto juego turbio del ministro en materia de espionaje y todo lo que supuestamente oculta sobre el asunto del "Faisán", cuyos secretos compartiría con el juez Garzón.

Evidentemente, las previsiones inquietantes del ministro respondían a algo más que a un ejercicio de pesimismo frívolo. Las detenciones de etarras en Portugal y Francia, gracias a los servicios secretos de la Guardia Civil que operan en este último país, han confirmado que Rubalcaba, cuando habla, sabe lo que dice, y cuando calla, sabe lo que hace. En eso se parece a Xavier Arzalluz, quien, en referencia a Eusko Alkartasuna, la formación escindida del PNV bajo la inspiración de Garaicoetxea, y hoy jaleadora del abertzalismo con la petición de que "es el momento de lanzar un órdago a la mayor", ha declarado a Gara que esos soberanistas "hablan de un polo de unidad cuando se escinden, luego se escinden de nuevo y ahora llaman a un frente común".

O sea, que crítica corrosiva sabe lanzar, lo cual ya tenía largamente demostrado. Rubalcaba suele asestar sus golpes en silencio y sus favores con sentido de la oportunidad. A Zapatero, ahora despellejado por la crítica europea por creerse de veras el taumaturgo de una Europa descoordinada, le viene bien la "operación Rubalcaba" contra ETA como compensación de agravios. Dos efectos combinados. Contra la incompetencia probada, eficacia manifiesta.

De todos modos, Zapatero es un artista de su propio descrédito. Acaba de anunciarnos, por boca de Pepiño Blanco, que volverá a ser candidato a la presidencia del Gobierno en el 2012. Y ello porque cree con absoluta fe en la acción curativa del tiempo, en la eficacia de los lugares comunes que prodiga y en el milagro de las fotos abundantemente administradas. La sustitución de la suya por la de Mr. Bean le ha venido mal, pero todo pasa. Ya veremos cómo intenta sacarle partido a la compañía de Obama, sobre quien hizo llover, kennedyanamente, estas palabras que también se llevará el viento: "No pensemos lo que Obama pueda hacer por nosotros, sino lo que nosotros podemos hacer por Obama". Gestos de oportunidad que suenan a infantilismo pelotillero. Y a burdo plagio.

Pura ineficacia que Rubalcaba difícilmente podrá compensar. Ya se presiente en lo que va a quedar el primer experimento de ZP con el "grupo de expertos" que citó en la Moncloa a base de Delors, González y Solbes.

Cuando Zapatero pretende adornarse políticamente hace hablar a otros en su provecho. Le acaban de recordar por todas partes, que antes de soñar con arreglar los problemas de coordinación de los demás, procure coordinar a "los suyos" y a quienes constituyen los fragmentos casi dispersos del Estado español. Y cuando habla de remedios, con sanciones incluidas, para la crisis económica y social, le apuntan al oído, por si lo ha olvidado, que España bate el récord de parados en la UE. Pero entonces sale Corbacho, ministro de Trabajo, a escena para argumentar que el mayor desempleo en España es consecuencia de su madrugador crecimiento. Es decir, que en su día, hace unos cuantos años, practicamos un adelantamiento indebido. Claro que Corbacho no quiere perjudicar la gestión zapaterista haciendo memoria de lo que el taumaturgo de la Moncloa no supo atajar a tiempo en la época de las burbujas inmobiliarias, fabricantes venenosas de una coyuntura ficticia que en principio, cuando reventó la crisis, Zapatero se limitó a llamar "desaceleración".

ETA, el abertzalismo y el PNV saben que de ellos depende en buena medida, dentro de dos años, que Zapatero les dure en la Moncloa. Basagoiti, presidente del PP vasco, "colaborador" de Patxi López, ha estropeado el clima con su manifestado deseo de que los presos de ETA concluyan de la peor manera sus falsas huelgas de hambre.

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