sábado 19/9/20

Urnas para la discordia hemisférica en Honduras

En tanto la Corte Suprema de Justicia en Honduras, por 14 votos de un total de 15, resuelve y propone al Congreso Nacional que Manuel Zelaya no tenga opción de volver a la presidencia de la que fue apartado por la propia Corte y el Congreso Nacional, mientras no sea juzgado por el delito de atentar contra la Constitución -que prohíbe taxativamente tanto la reelección presidencial como el intento de modificarla-; mientras los diputados no voten su restitución, o su rechazo, lo que se realizaría en la primera semana de diciembre, será mañana, el 29 de noviembre, cuando se celebrarán las elecciones, legislativas y presidenciales.

Este domingo votarán los hondureños conforme el calendario establecido, aunque la OEA (Organización de Estados Americanos) se haya pronunciado en contra de la celebración de los comicios, porque Zelaya no reasumió aun su magistratura, tal como se estableció en el laudo de San José de Costa Rica, Panamá y Estados Unidos han dado su apoyo a que la consulta se celebre, porque así se estableció posteriormente con el arbitraje de Shannon, subsecretario para Hispanoamérica del Departamento de Estado. El resto de los miembros de la OEA, tal como queda dicho, ni pasan ni tragan con estas urnas desde el primer pronunciamiento contra la destitución de Zelaya, por entender implícitamente que éste fue objeto de un golpe de Estado; es decir, sin reparar que había sido el propio Zelaya quien quiso dar el golpe cambiando las reglas de juego constitucionales por medio de una asamblea constituyente a la que se llegaría modificando, por ampliación de convocatoria, las elecciones de mañana.

Para una lectura española del problema, conviene recordar que la diplomacia moratina suscribe de la cruz a la raya la posición mayoritaria en el seno de la OEA. Posición que, muñida desde el primer momento por el secretario general de la misma, el secretario general y militante socialista Insulza, parte de la violación de los propios Estatutos de la Organización interamericana, que prohíben la injerencia de la misma en los asuntos internos de los países miembros de ella. Lo cual quiere decir que la OEA carece de legitimación para mantener su discurso y su postura desde el primer momento. Algo tan cierto como que el propio Insulza, que aspira a su reelección en el cargo, ha sido el agente motor del interés de Hugo Chávez en que Manuel Zelaya, socio político suyo pese haber sido elegido presidente con los votos de la derecha, fuera repuesto en la magistratura de la que fue apeado por la Corte Suprema y por el Congreso Nacional, que ordenaron a los militares que le detuvieran.

Lo que se entiende menos en el presente cuadro es la alineación del Brasil del presidente Lula con la tesis que promueve Hugo Chávez y suscribe la diplomacia de ZP. La única explicación, cabría decir, es el óbolo de secta que Lula aporta a la causa para alumbrar su originaria condición de izquierda radical, amortizada después en su ejecutoria política desde la presidencia brasileña. A la que habría que oponer el reparo y la objeción de los desafueros y las corrupciones de su penúltimo Gobierno.

El problema de Honduras es un test hemisférico cuyo resultado final comenzará a decantarse a partir de mañana. Los votos que llegan son los de su propia soberanía.

Urnas para la discordia hemisférica en Honduras
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