domingo 23/1/22

Zapatero apuesta por el izquierdismo

O el presidente del Gobierno es un completo irresponsable o pretende instalarse en la izquierda gubernamental más radical de Europa. No caben más alternativas para explicar el crispado ataque de Rodríguez Zapatero a la patronal -la CEOE-, personalizando sus invectivas, cosa insólita, en su presidente, Gerardo Díaz Ferrán. Zapatero ha ofrecido un lamentable espectáculo, a medio camino entre el chavismo y el peronismo, en el que -habrá otras interpretaciones- se detecta que el mandatario está nervioso y que los empresarios le han estropeado su plan prevacacional: irse a La Mareta con la financiación autonómica "arreglada" con Cataluña y con la foto del acuerdo social en la cartera. Ha conseguido lo primero -ya veremos el coste político de esa operación un tanto chapucera- y le resultará muy caro intentar retrotraer a la sociedad española a un escenario en el que los empresarios son "malos" y los sindicatos "buenos". Por si fuera poco, las versiones gubernamentales de la posición de la CEOE -a la que se imputa nada menos que reclamar el despido libre o la indefensión judicial por despido- son del todo inciertas, y para comprobarlo basta leer el conjunto de documentos que al respecto han salido de las oficinas de la patronal.

Creo -muchos creemos- que el presidente se ha confundido. Tanto si ese discurso populista y demagogo ha sido fruto de una decepción frustrada como si ha respondido a una planificación para situarse en la segunda parte de la legislatura en un izquierdismo acentuado que le granjee apoyos en el Congreso (ERC, IU). Ambas hipótesis son tan posibles como ambas resultan negativas. Las reformas estructurales -la laboral y la fiscal- son imprescindibles y aplazarlas con falsos argumentarios como hace Zapatero es sólo una forma de ganar tiempo, de jugar al parchís político, de reducir a mero tácticismo una política que ha de ser de Estado y de medio y largo plazo. Con todo ello, Zapatero se encamina a hacia la conversión de una rareza en la política europea y empuja a España a los linderos más extremos del juego de la Unión Europea que impone unas determinadas coordenadas macroeconómicas para permanecer en el euro.

Es muy posible que la oposición del PP sea inane, insuficiente y desmayada. Pero es seguro que este Gobierno está fuera de límites, no es el idóneo para encarar una crisis como la que padecemos y reverdece una dialéctica frentista que nos remite a un izquierdismo anacrónico. Hace falta que la CEOE y su presidente no se arruguen ante un discurso presidencial impresentable y unos sindicatos burocratizados y subvencionados que sólo defienden a los que ya tienen empleo y son incapaces de apostar por las reformas que integren en el mercado de trabajo a miles de ciudadanos a los que la rigidez del sistema condena a la precariedad o la vida subsidiada. Vaya panorama: crisis recesiva e izquierdismo demagógico.

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