jueves 21.11.2019

Abogados de Atocha, Reporteros Sin Fronteras, Pepe Mujica

Hace un par de semanas me refería en el artículo “Atocha, hermanos, no os olvidamos”, a aquella noche maldita en la que el fascismo tiñó de sangre el número 55 de la calle de Atocha, convulsionó a Madrid y aterrorizó a España. Aquella noche en que asesinaron a sangre fría a los abogados Enrique Valdelvira Ibáñez, Luis Javier Benavides Orgaz y Francisco Javier Sauquillo Pérez del Arco; el estudiante de derecho Serafín Holgado; y el administrativo Ángel Rodríguez Leal. Resultaron gravemente heridos Miguel Sarabia Gil, Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell, Luis Ramos Pardo y Dolores González Ruiz, casada con Sauquillo.

El miércoles, 24 de enero, como cada año, conmemoramos aquella fecha y, como cada año  -“porque si el eco de su voz se debilita, pereceremos”- volveremos a vernos en la plazuela de Antón Martín a las 10 de la mañana, junto al simbólico “Abrazo” creado por otro gran humilde: Juan Genovés. Una hora después tendrá lugar el tradicional acto conmemorativo en el Auditorio Marcelino Camacho de las Comisiones Obreras de Madrid, en el que la Fundación Abogados de Atocha hará entrega del reconocimiento a las personas y entidades que hayan llevado en su trabajo el espíritu de los de Atocha. Este año, el reconocimiento a ese trabajo de dignidad ha recaído en la persona de José, “Pepe” Mujica y la organización no gubernamental, Reporteros Sin Fronteras (RSF).

Mujica, que por indicación médica vendrá personalmente a Madrid en primavera, es un referente de lucha. Un auténtico preso político que por su estar, su humor y su estoicismo, nos puede recordar a Mandela, o a nuestros Marcos Ana o Marcelino Camacho, de quien este año conmemoramos el centenario de su nacimiento.

Pepe Mujica lleva en su cuerpo el recuerdo de seis balazos. Su delito fue pertenecer al Movimiento de Libración Nacional-Tupamaros y enfrentarse a la dictadura uruguaya. En los años sesenta se convirtió en una de las personas más buscadas del país, lo que le llevó a la cárcel en cuatro ocasiones, sumando un total de casi quince años en prisión. El encarcelamiento también se convertía en secuestro de Estado, pues la dictadura le tenía como rehén con ánimo de ejecutarle en caso de que hubiera acciones armadas por parte de la guerrilla.

En cuarenta y siete ocasiones fue internado en celdas de aislamiento, pero sobrevivió física y mentalmente gracias a la solidez de su ideología, de sus principios, de su dignidad. Con la llegada de la democracia fue elegido diputado, posteriormente senador y en 2005, ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, hasta que en 2009 alcanza la presidencia del país. “A pesar del ruido, el mundo hoy no va a cambiar”, proclamó al conocerse los resultados en un alarde de pragmatismo. Bajo su presidencia dio especial relevancia a la educación y el medio ambiente, mientras él se convertía en el mandatario más humilde del mundo porque llevó a la práctica su máxima: “los políticos tenemos que vivir como vive la mayoría, no como vive la minoría”. Al dejar el cargo, lo hizo con optimismo: “Soy de los hombres que cree que lo mejor está siempre por venir”, aseguró.

Por otra parte, la institución galardonada con el reconocimiento de la Fundación Abogados de Atocha, RSF, lleva adelante la difícil labor de velar por el oficio de periodista, por lo tanto por la libertad de opinión y expresión, que es la base de la democracia.

En estos tiempos de “postverdades”, el oficio de periodista está en el punto de mira de los poderosos. Un punto de mira que es literal. Según el último informe de RSF, en los últimos quince años se han contabilizado 1.035 asesinatos en el mundo. De ellos, 65 se han producido en 2017, en una tendencia que ha disminuido respecto al año anterior.

Esa tendencia a la baja se ha producido gracias a campañas y la preocupación de organizaciones civiles, pero también porque ha aumentado la formación de los periodistas para saber defenderse. El elemento negativo del descenso es que muchos países se han quedado sin periodistas, como Siria, Irak, Yemen o Libia.

También durante el pasado año fueron detenidos 326 periodistas, 54 fueron secuestrados y dos desaparecieron. Además, los hombres y las mujeres que se dedican a este oficio padecen agresiones físicas verbales, amenazas, censura, intimidaciones…, tantas veces en silencio.

En España la situación es preocupante, nuestro país se encuentra en zona amarilla, en el puesto 29 de la libertad de expresión. Por debajo de países como Letonia, Cabo Verde, Ghana, Uruguay, Namibia, República Checa…

RSF en España, al igual que venimos haciendo desde CCOO de Madrid denunciamos la Ley de Seguridad Ciudadana, conocida como la “ley mordaza” debido al impacto que tiene en la libertad de expresión y de información. Comenzó a afectar a los profesionales de los medios de comunicación en 2016. Al menos seis periodistas fueron sancionados con multas, acusados de impedir la labor de los agentes de la policía o de haberles tomado fotografías, según datos de la propia organización. Pero hay otras formas más sibilinas de acabar con el periodismo. Periodista independiente es sinónimo de precarización laboral. Los salarios han caído como en ningún otro sector en un oficio muy vocacional en que desde el inicio de las carreras profesionales los abusos están a la orden del día.

Jaime Cedrún

Secretario general de CCOO de Madrid

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