viernes 3/12/21

¿Una economía de varias velocidades?

Si los expertos aciertan, la economía española estará entre las últimas europeas en abandonar la recesión. Ayer opinó lo mismo la Comisión Europea (CE), al revisar a la baja sus previsiones para España e introducir, en paralelo, ligeras mejoras en las del resto de principales socios de la Unión. Tal escenario muestra, como tantas otras cosas, una doble lectura: por una parte puede ser beneficiosa, en la medida que contribuya a revitalizar mercados importantes de exportación, pero al tiempo entraña riesgos de descuelgue, tanto internos como externos, de difícil corrección.

Comenzando por la vertiente externa, hay que contar con al menos un par de amenazas a medio plazo: una política monetaria menos laxa del Banco Central Europeo (BCE), en previsión de eventuales tensiones inflacionarias, y un encarecimiento de las materias primas, consecuencia del repunte de demanda mundial asociado a la vuelta del crecimiento en las grandes áreas. Supondría neutralizar dos factores, tipos de interés bajos y precios energéticos contenidos, que ahora mismos están actuando aquí como amortiguadores de los efectos de la coyuntura.

Del lado interno, existe la posibilidad de que la economía española tienda a una estructura dual, a su vez generadora de un tercer segmento caracterizado por una situación de desempleo estructural de difícil y dolorosa corrección. De hecho, algo de eso se empieza a apreciar y, de confirmarse el desfase en los calendarios de recuperación, tenderá a ir a más.

Ya es perceptible una evolución dispar entre aquellas empresas cuya actividad está esencialmente concentrada en el mercado doméstico y las que mantienen una parte relevante de su balance vinculada a mercados exteriores, sea por presencia directa o derivada de su potencial exportador. Y las perspectivas descritas apuntan a que esa asimetría habrá de ir a más en los próximos meses, con una parte del tejido productivo creciendo y otra, proporcionalmente más extensa, sujeta al estancamiento derivado de una demanda interna estática, si no declinante bajo los efectos de retroalimentación que puedan derivarse de un eventual mayor deterioro de los índices de ocupación.

Es difícil calcular los efectos que pueda acarrear un horizonte socioeconómico sujeto a varias velocidades, pero lo deseable es que no se lleguen a constatar.

Comentarios