jueves, diciembre 1, 2022

Historias de mi vida liberal: Jóvenes. Covid19 y pornografía

Según Pablo Simón en ES Global, el año 2022 fue designado por las instituciones como el año europeo de la Juventud, algo acompañado de varios guiños. Por ejemplo, este hito tuvo lugar en paralelo a la celebración de la Conferencia para el Futuro de Europa (CoFoe), un ejercicio deliberativo y participativo, donde era requisito que hubiese un tercio de los paneles ciudadanos compuestos por miembros entre 16 y 25 años. De igual modo, cada vez que se habla de los fondos Next Generation, los planes de recuperación tras la crisis de la COVID-19, se piensa en inversiones de futuro que aseguren la prosperidad de la “siguiente generación”. Nadie duda de que la Unión Europea ha apostado por hacer explícita su voluntad de colocar a los jóvenes en el centro de la agenda política.

Otra cosa diferente es que desde la perspectiva sociológica el concepto juventud sea algo fácil de aprehender. El consenso es que ser joven es un estadio transitorio en algún punto entre la adolescencia y la madurez, pero su frontera es difusa, y más a medida que la sociedad envejece. Incluso con el bache de la pandemia, en la UE la esperanza de vida es de 77,8 años para hombres y 83,3 para mujeres, mientras que la tasa de fecundidad es del 1,58. Esto hace que, pese a las diferencias entre países, los jóvenes sean cada vez menos en términos relativos (la imagen contraria a la del otro lado del Mediterráneo). Por ejemplo, en España los menores de 35 años son la mitad que los mayores de 55 años. Por tanto, hoy los jóvenes europeos son muchos menos que hace 50 años.

El informe «Jóvenes en pleno desarrollo y crisis pandémica. Cómo miran al futuro», realizado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud (CRS) de Fundación Fad Juventud y la Fundación Pfizer refleja y profundiza sobre los impactos que ha tenido la pandemia de la Covid-19 sobre la vida de los y las jóvenes, tanto en los aspectos relacionados con su salud mental como en su desarrollo vital.

Las conclusiones de este estudio están basadas en los datos de la encuesta realizada a una muestra de 1.200 jóvenes de entre 15 y 29 años, realizada a comienzos de este año 2022. Los datos obtenidos nos permiten desarrollar un análisis comparado con otra investigación desarrollada en 2020 por parte del CRS de Fad y la Fundación Pfizer en la que se reflejaban los primeros impactos de la pandemia: «Jóvenes en pleno desarrollo y en plena pandemia. Cómo hacen frente a la emergencia sanitaria».

A continuación, incluyo algunos de los principales hallazgos de la presente investigación: Para casi un 60% de las y los encuestados, la pandemia ha tenido un gran impacto y ha producido cambios personales. El 55,7% tiene la percepción de que estos cambios serán permanentes y, con un porcentaje muy similar, que la dirección de estos cambios será positiva.

Los y las jóvenes señalan sentirse más conscientes de su vida y lo que quieren (señalado por el 54,8% de los jóvenes consultados); que sus relaciones sociales han mejorado (43,2%) y que ha aumentado su sentido de la responsabilidad (42%).

El 66,8% de los encuestados y encuestadas cree que la COVID-19 ha tenido un impacto negativo en la salud mental de las personas jóvenes. Se confirma además que ha tenido mayores efectos negativos en el bienestar emocional, las expectativas de futuro y la salud mental de ellas que en la de ellos.

La población joven se enfrenta a un contexto difícil: los problemas colectivos más importantes —según su propia opinión— son los salarios bajos (37,8%%), la precariedad laboral (30,4%) y la dificultad para la emancipación (29,5%), seguidos muy de cerca por el paro (24,6%) y la falta de confianza que tiene la sociedad hacia los y las jóvenes (24,9%)%). Unos problemas que sienten de forma mucho más acuciante ellas que ellos, confirmando que la pandemia ha tenido un efecto más negativo en las chicas que en los chicos, al menos en lo que tiene que ver con la preocupación por el futuro. En general se observa un panorama de pesimismo juvenil, por un contexto que genera incertidumbre y situaciones difíciles para gran parte de la población joven. El 26,6% piensa que la situación del país irá a peor, porcentaje algo inferior cuando se pregunta sobre su situación personal (18,6% piensa que irá a peor en lo personal).

Pese a todo, se percibe cierta reducción del pesimismo si se compara con las percepciones que había en el año 2020. Como contraposición al difícil contexto, parece que las y los jóvenes se muestran afortunadas y afortunados por contar con apoyo de familiares, amigos y pareja, ámbitos en los que se sienten más satisfecho.

Miguel Gómez de Agüero, Profesionales por la Ética [email protected]

Me dirige esta carta: Buenos días, Bernardo. Hace unos días recibiste la invitación al  webinar «El impacto de la pornografía en los menores», que se desarrolló el pasado lunes 17 de octubre.

La sesión, a cargo de Jorge Gutiérrez, director de Dale una Vuelta, fue muy enriquecedora.

Dado que muchas personas nos indicaron su incapacidad de participar y su interés por el tema hemos grabado la presentación. 

Os resumo algunas de las ideas expuestas que más me impactaron: 

El impacto de la pornografía en los menores y en los adultos es «brutal». Las consecuencias más graves se dan en la edad adulta. Un primer desorden es el uso abusivo de la tecnología. El acceso a contenidos pornográficos se ha adelantado a edades infantiles y está muy generalizado en edades adolescentes. A nivel familiar hay que abordar el tema, sin dramatismos y como oportunidad para hablar de la sexualidad y del amor de forma adecuada. Mejor hablar un año antes que un minuto después del primer contacto con la pornografía. Es necesaria una actitud educativa proactiva, ni represiva, ni permisiva, ni pasiva. Los móviles, no en la noche, fuera de espacios cerrados y con filtro de contenidos instalado. El atractivo de la nueva pornografía tiene que ver con la variedad, la innovación, la categorización de contenidos. Es infinita. El circuito de la recompensa y la necesidad de nuevos y mayores estímulos provoca entrar en un peligroso bucle del que es difícil salir. La pornografía deja huellas en el cerebro. Está neurológicamente probado. Algunas consecuencias del consumo de pornografía son: Ver al otro como objeto. Imitar conductas de riesgo y violentas. Decepcionarse de la vida real. Problemas de pareja y disfunciones sexuales. Soledad y adicción.

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