miércoles, noviembre 30, 2022

El nuevo centro de Ciudadanos

Ciudadanos, que lo mismo se erige en adalid del cambio político e intenta investir en minoría a Pedro Sánchez que se convierte en aliado de Mariano Rajoy para que nada cambie, ha cumplido con creces el objetivo para el que fue promovido a la primera línea de la política nacional: impedir a toda costa que Podemos tuviera la llave de la gobernabilidad y condicionara las políticas de cualquier futuro gobierno.

El partido de Albert Rivera es el último milagro del marketing político. Tras ocho años de marginalidad, escasez material y actividad casi restringida a Cataluña, en 2014 saltó a los telediarios y titulares de prensa. Tocado por una varita mágica, Ciudadanos empezó a despuntar en las encuestas. No tenía diputados en el Congreso ni era un fenómeno de masas como Pablo Iglesias, pero súbitamente todo cuanto Rivera decía era importante. Miles de jóvenes con aspecto y vidas de diseño peleaban por ingresar en su formación y los dineros empezaban a llenar la caja para pagar sedes y contratar campañas.

Ciudadanos ha sido primero de centroderecha, después de centroizquierda y ahora dice ser el ‘nuevo centro’, fórmula inventada para intentar resaltar la frescura del proyecto: “El nuevo centro arrastra a la vieja izquierda y a la vieja derecha», celebró Rivera tras obligar a Mariano Rajoy a acudir al Congreso un domingo. Otro milagro, si me lo permiten.

Pero a poco que uno rasque sobre la imagen moderna de Ciudadanos aparece el sesgo neoliberal, a veces reaccionario, que empapa su programa. Como muestra está el empeño de Rivera y de su experto económico, Luis Garicano -antes economista de Fedea, lobby de la banca y las multinacionales- por imponer el 'contrato único' que CEOE reclama desde que estalló la crisis. La excusa es combatir la dualidad entre trabajadores temporales e indefinidos y para ello Ciudadanos propone como solución acabar con los indefinidos, con el consiguiente debilitamiento de los trabajadores y su capacidad de negociación.

También tiene miga el complemento salarial que Rivera contrapuso a la renta básica defendida por Podemos. La idea de Podemos puede parecer irrealizable en una España deficitaria, abocada a más recortes y que ya debe más de lo que produce, pero su carácter social es innegable. Por contra, la propuesta de Rivera son devoluciones del IRPF para quienes ya trabajan y superan el umbral de renta que obliga a presentar la declaración. Eso excluye a los más necesitados: parados de larga duración, familias sin recursos y empleados precarios, que no recibirán ni un euro. Por eso su utilidad para combatir la pobreza será nula.

Cuando deje de ser útil al establishment económico sabremos si Ciudadanos se consolida como actor político estable o se diluye en la irrelevancia

Finalmente, la procedencia derechista de muchos cuadros de Ciudadanos, sus polémicas declaraciones sobre cuestiones como la violencia de género o la manía de Rivera de llamar «accionistas de España» a los habitantes de este país dan idea de sus referentes ideológicos.

Ciudadanos encaja demasiado bien con el “Podemos de derechas” que reclamó en 2014 el presidente del Banco Sabadell. Un partido neoliberal sin la herencia histórica que arrastra la derecha tradicional, orientado exclusivamente a la defensa de la iniciativa privada, capaz de jugar al despiste y capitalizar la desafección de los votantes hacia los partidos tradicionales pero ferviente promotor del modelo económico desregulador y contrario al intervencionismo estatal.

La idea en parte ha funcionado. Ciudadanos se ha colgado el cartel de único partido bisagra capaz de hacer posible un Gobierno digerible por la banca, la patronal y Bruselas. Y Rivera ha exhibido unas tragaderas infinitas al firmar sendos pactos para entronizar primero al PSOE y después al PP, a los que antes culpaba de todos los males. Firmará lo que haga falta, ahora que ha enterrado su ambicioso programa contra la corrupción y ha renunciado a sus grandes exigencias, como que el PP jubilara a Rajoy para negociar cualquier entendimiento.

Aún así la gobernabilidad está lejos de lograrse y en el horizonte asoman unas terceras elecciones en las que muchos votantes de Rivera podrían desertar decepcionados para volver al PP. Ya pasó en las segundas: en junio Ciudadanos perdió 8 de los escaños cosechados en diciembre de 2015, más que cualquier otro de los principales partidos.

¿Cuánto durará el milagro de Ciudadanos? Al menos el tiempo que dure el desapego de los electores hacia los grandes partidos. Cuando deje de resultar útil al establishment económico sabremos si el partido de Rivera se consolida como actor estable en la política española o se diluye en la irrelevancia.

César Calvar

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