domingo, diciembre 4, 2022

Picos pardos de Rajoy

El panorama político español es una partida cuyo final, la Investidura del Presidente del Gobierno, debería ser fruto de mover correctamente las fichas. Dicen, asimismo, que no son recomendables unas terceras elecciones seguidas porque ello retrasaría la aprobación de los presupuestos para 2017 y la adopción de medidas económicas necesarias. Sobre todo, no alterarían mucho el reparto actual de escaños. Claro, que a las segundas fuimos por la pinza del Partido Popular con Podemos. ¿Importa tanto ir a unas terceras?

Según el CIS, el 80% de los españoles considera la situación política mala o muy mala. Metroscopia calcula que un 70% cree que Rajoy debería marcharse si es un obstáculo para la formación de un gobierno y que el 30% de los votantes del PP piensan lo mismo. Un gobierno en minoría con 137 escaños presidido por Rajoy acabará siendo una pesadilla para él y para España que necesitaría otro Presidente del Gobierno con credenciales aceptables para impulsar la regeneración política, en coordinación con los demás partidos, además de la capacidad de conseguir, con concesiones mutuas, pactos con las demás fuerzas políticas. No es el caso de Rajoy.

Normalmente los padres se sacrifican por sus hijos y los políticos responsables deberían hacerlo por sus conciudadanos. Rajoy tendría que manifestar su renuncia a la Investidura y dar un paso atrás en favor de otro candidato.

Rivera le ha dado un soplo de vida con unas pocas condiciones fáciles de cumplir, además de fijar una fecha para la Investidura, a pesar de lo cual Rajoy se marchó de puente para pensárselo, él que tantas prisas mete siempre a los demás, evidenciando que estas pocas condiciones escuecen su importante ego y subrayan que no es el amo absoluto del juego como él y sus partidarios quieren hacernos creer. Veremos cuáles son sus contrapropuestas para edulcorar el elemental ejercicio regenerativo de Rivera.

Si, por la razón que sea, Rajoy no lograra la Investidura, ni siquiera en segunda vuelta, o, sencillamente, no quisiera encararla, tendría que sugerir al Monarca el nombre de otro miembro del PP para una Investidura. A falta de otras alternativas sería lo propio para evitar esas terceras elecciones seguidas.

Ciudadanos y el PSOE podrían, si tampoco quieren terceras elecciones, y parece que no las quieren, señalar que estarían dispuestos a facilitar la Investidura del nuevo candidato del PP, si es aceptable, absteniéndose o votando favorablemente su Investidura, si hay pactos posibles para ello. C´s podría, incluso, formar parte de un gobierno con el PP sin Rajoy en La Moncloa.

Con estos sencillos y responsables pasos, la renuncia de Rajoy y la disponibilidad del PSOE y Ciudadanos a considerar favorablemente otro candidato del PP aceptable para la necesaria regeneración política, se podría salir de un modo sano del atolladero actual y poner en marcha un nuevo Ejecutivo cuya vida política sería probablemente corta, uno o dos años a lo sumo. Tiempo suficiente para realizar la necesaria reforma de la Constitución.

Rajoy se retiraría a Génova para gestionar, previsiblemente, una sucesión ordenada de la presidencia del PP, necesitado de mayor democracia interna. En el otoño tendría lugar un Congreso del PSOE en el que Sánchez sería sustituido en la Secretaría General por otro líder de su partido, o no. Rivera se mantendría al frente del suyo intentando subrayar sus diferencias con el PP. Iglesias procuraría capitalizar su voto en contra del PP, pero poco logrará si no madura y recapacita recordando que con abstenerse, en lugar de votar en contra, en la fallida Investidura de Sanchez tendríamos ya un gobierno más proclive a políticas progresistas.

También hay otra fórmula, la que intenta Rivera, infernal, como más arriba se apuntó: dejar, quizás con las narices tapadas, que Rajoy siga en La Moncloa, atrincherado con sus 137 diputados, para forzarle reformas y mucha política desde la oposición. Para eso C's, que con el PSOE solo suma 117 escaños, tendría que contar con otras fuerzas políticas y sabemos que algunas no le gustan, sin olvidar que, como señalan los de Ciudadanos, no se fían del PP.

¡Menudo panorama!

Carlos Miranda

Embajador de España

Carlos Miranda

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