martes, diciembre 6, 2022

Calalunya desorientada

Hace tiempo que Cataluña perdió el norte. Lo preocupante es que cada vez más se aleja de una dirección razonable. Durante la dictadura franquista sufrieron los catalanes una dura discriminación, sin duda, pero igual que el resto de todos los españoles, fuesen estos vascos, gallegos, andaluces o madrileños.

Sin embargo, Barcelona aparentaba ser en aquellos años la ciudad española más cosmopolita. Su proximidad a Francia, su alta burguesía ilustrada, su pequeña burguesía hacendosa, sus artistas de renombre mundial, una clase obrera industrial, hacían de la gran ciudad catalana la más europea de España. Con el retorno de la democracia, tras el largo, gélido y opaco invierno franquista, podía esta región del nordeste español haberse volcando con realismo hacia el futuro.

Desde 1989, tras la caída del muro de Berlín, el mundo dejo de estar compartimentado a la antigua usanza para pasar a estar intensamente interrelacionado de tal manera que solo tiene sentido, para una elemental supervivencia y un necesario progreso, estar imbricados en conjuntos que como en una matrioska rusa tienden hacia la globalidad planetaria. Cataluña en España y ésta en la Unión Europea.

Pero desde que Cataluña disfruto de nuevo de la libertad, como el resto de España, los hay que han preferido optar, desgraciadamente, por un ombliguismo estéril que ha superado la legítima recuperación de sus propias esencias culturales, lingüísticas y hasta políticas para caer en la tentación de convertir su triángulo geográfico en el centro del mundo añadiendo, asimismo, tentaciones imperialistas de propio cuño hacia el sur y el este. ¡Veremos cuando su irredentismo demandará abiertamente el retorno de la Cerdaña y del Rosellón!

En la intimidad de su casa en Londres un importante empresario catalán advertía al principio de este siglo que su generación votaba a Convergencia i Unió pero que la siguiente lo hacía por Esquerra Republicana de Catalunya. Su estimación se quedó corta, pues esa juventud se decanta ahora más, parece, por Ada Colau y los asociados catalanes de Pablo Iglesias. ERC se ha comido a CiU reconvertida por corrupción y desmadre político en Partido Democrático de Cataluña.

El partido Popular ha conseguido representar en Cataluña un nacionalismo español inmovilista que solo entiende la capacidad de autogobierno catalán como una merma del conjunto español en vez de considerarlo un enriquecimiento del mismo.

En esa trampa caen también algunos en el PSOE, aunque tiene, o tenía, peso en su estructura federal el Partido Socialista de Cataluña que supo encontrar un punto de equilibrio político aceptable en España para el Principado en 2006, luego aniquilado por el PP con su destructivo recurso al Tribunal Constitucional del nuevo Estatuto a pesar de que había sido refrendado en las Cortes y por los catalanes en un Referéndum. Histórico error de Mariano Rajoy por el que pagan también los justos. La judicialización de la política siempre es desaconsejable y la sentencia del Constitucional lo demostró en este caso.

El PSC ha embarcado mucha agua en estas tormentas y sobrevive medio hundido a pesar de sus aportaciones a un catalanismo razonable imbricado en España y en Europa porque no ha sabido ni sabe gestionar acertadamente la cuestión de un referéndum sobre el soberanismo catalán.

Una política socialista catalana, con sentido del Estado, ya retirada, decía que solo tiene sentido pedir este referéndum para votar la independencia, pero no para votar en su contra. A pesar de ello el PSC deshoja cíclicamente la margarita perdiendo probablemente seguidores en cada giro por no saber resistir firmemente en su sitio frente a interpretaciones pseudodemocráticas que en realidad solo son «sorpassos» ademocráticos. Es una forma más de demagogia que acaba destruyendo la democracia.

Cataluña sigue siendo el gran problema de España sin desmerecer otros como el desarrollo económico, social, educativo y sanitario, y lo es por ser una cuestión que afecta a nuestra Constitución. Pero Rajoy lleva mucho tiempo con una venda en los ojos negando la realidad. Los problemas no se resuelven abandonados en un cajón y menos los de esta naturaleza. La formación de un nuevo gobierno es una ocasión para enfocar una reforma constitucional para un encaje federal de las Autonomías. Alemania y Austria ofrecen modelos interesantes. De lo contrario solo pueden incrementarse los lodos de un independentismo catalán disparatado que avalan sondeos recientes catalanes (47% independentistas y 43% que no quieren romper España) y que solo traerán desgracias para todos.

Sin duda el conjunto español tiene sus responsabilidades en esta situación, pero eso no altera que los más responsables son muchos catalanes que a diario nos muestran su desorientación culpable porque las lecciones de los referendos en Quebec, Escocia y Reino Unido ponen de relieve que no tiene sentido resolver cuestiones de entendimiento volcando la tortilla al otro lado con poco margen cuando lo que hay que hacer es mejorar la convivencia.

Carlos Miranda

Embajador de España

 

Carlos Miranda

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