domingo, febrero 5, 2023

Cumbre aliada

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Acaba de desarrollarse en Varsovia una Cumbre de la Alianza Atlántica. Tras la caída del Muro de Berlín en 1989, y la consiguiente desaparición del Telón de Acero, la libertad se extendió por el Viejo Continente. Un éxito de la contención de la OTAN frente al Pacto de Varsovia soviético durante la Guerra Fría. Los países que vivían bajo la bota rusa se adhirieron enseguida a las dos Instituciones que agrupan nuestras democracias y su defensa: la Unión Europea y la Alianza Atlántica.

Atrás quedaron ese Pacto de Varsovia, vínculo castrense de la Unión Soviética con sus satélites europeos; el COMECON, su marco económico común; la división de Europa entre una libre y otra sovietizada; y una Alemania seccionada en dos. La URSS desapareció y la propia Rusia explotó dejando una estela de nuevos países independientes con, asimismo, problemáticas militares como en el Cáucaso o en Ucrania, zonas vecinas de Rusia en las que ésta quiere seguir imponiendo su voluntad incluso por la fuerza.

Los tres países bálticos se sienten protegidos en la Alianza. España contribuye a su seguridad aportando, en rotación, cobertura aérea. También encabezamos actualmente la brigada aliada de acción inmediata (5.000 efectivos), contribución importante y conveniente. Rota es una aportación logística a la defensa antimisiles de la OTAN y participamos en operaciones de paz aliadas, del mismo modo que participamos en otras de la UE, amparadas en ambos casos por Naciones Unidas, o de la propia ONU. Es un esfuerzo que corresponde a nuestra entidad y responsabilidad internacional.

La hostilidad política, verbal y militar de Rusia (Crimea, apoyo a separatistas ucranianos, incursiones aéreas sobre aguas aliadas, etc…) justifica a aquellos que, sin dejar de tender la mano, piensan que no se puede bajar la guardia frente al Kremlin. Nunca se sabe lo que el futuro deparará. Por eso los países mantienen sus Fuerzas Armadas y en el caso euroatlántico a la OTAN como disuasión y como lugar de coordinación político-militar en materia de seguridad y de doctrinas militares.

La Cumbre de Varsovia coincidió con el 40 aniversario de la disolución del Pacto del mismo nombre. Las tensiones con Moscú obligan a mirar al Este con recelo y suspicacia. Ello implica planear militarmente para dar tranquilidad a los aliados más cercanos a Rusia. Cualquier énfasis hacia el Este siempre suscita la reacción de los aliados mediterráneos que desean un tratamiento acorde a sus preocupaciones de seguridad en el sur.

Los riesgos y amenazas se concretan más fácilmente al Este por ser esencialmente militares. Al Sur los desafíos son más difusos, aunque más inmediatos, por el terrorismo y más inciertos por la inestabilidad del Oriente Medio, Norte de África y Sahel. Además, Alemania rehúye una proximidad al terrorismo islamista, Francia siempre ve con recelo a la OTAN en el Mare Nostrum y los EEUU prefieren su autonomía de cara al Mediterráneo y el Oriente Medio. No obstante, la Cumbre ha acordado una misión naval en el Mediterráneo central para frenar los flujos migratorios desde Libia, en coordinación con la UE.

España debe jugar su importante carta bilateral con los EEUU y hacerla valer tanto en Washington como en la OTAN y en la UE para afirmarse más en los centros de decisión internacionales. Ahora bien, la consideración político-militar de todas estas amenazas no debe descartar la diplomacia y las medidas encaminadas a instaurar confianza. La Alianza siempre ha sabido combinar eficazmente disuasión y negociación.

También está planteada una cuestión delicada: el equilibrio entre las decisiones políticas y las militares. El papel del Consejo Atlántico, donde están representados todos los aliados, es primordial. Los Mandos militares aliados desean mayor autonomía para actuar con eficacia. Cuando la Guerra Fría esa autonomía militar era necesariamente mayor (rapidez del desarrollo de un conflicto con la URSS). Tras la Guerra Fría el Consejo Atlántico se involucró directamente en el día a día de las operaciones militares, esencialmente de crisis y mantenimiento de paz.

Ahora hay quienes estiman que estos Mandos han de recobrar más peso. Hay que establecer el equilibrio adecuado según las circunstancias lo que exige un buen asesoramiento militar del Consejo Atlántico, algo delicado en una Alianza en la que el poderío militar es esencialmente norteamericano.

De esto último tienen la culpa los europeos que apenas invierten en defensa, España entre ellos. Hace cinco lustros los europeos sufragaban un cincuenta por ciento de los gastos aliados y ahora a penas la cuarta parte. Es un tema de importante disensión con los EEUU donde el alocado populista Trump pretende que la Alianza es obsoleta cuando la Unión Europea sigue sin poder defenderse sola y menos aún sin el Reino Unido. Federica Mogherini, Alta Representante para la Política Exterior de la UE, recomienda en la nueva Estrategia de seguridad de la UE un mayor esfuerzo militar a sus miembros. ¿Llegarán a hacerle caso?

Carlos Miranda

Embajador de España

Carlos Miranda

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