miércoles, noviembre 30, 2022

Los empecinados

Empecinados todos en sus posiciones, la Diada solo ha servido para confirmar ese empecinamiento, ante el asombro de los millones de españoles -la mayoría- que lo que esperan de sus políticos es un cambio de actitud en todos los sectores que permita mirar al futuro con otros ojos que no sean los de la desesperanza.

Parece mentira, pero desde ninguna de las posiciones enquistadas se ofrecen soluciones satisfactorias, a pesar de que han avanzado mucho los intentos de los más sensatos de encontrar una salida al laberinto.

Lo que queda más claro después de la gran manifestación del 11-S y de los primeros días de campaña electoral es que ni desde el secesionismo ni desde el inmovilismo se va a devolver a este país su derecho a contar con una clase política dispuesta a resolver los problemas en lugar de empeñarse en estrellarnos a todos contra la pared de su incomprensión y su egoísmo partidista.

Lo más asombroso es ver ese entusiasmo de los unos y de los otros en sus posiciones extremas y su incapacidad para entender no ya las de la Tercera Vía sino las de absolutamente nadie más. Pero a dónde pensarán los secesionistas y los inmovilistas que nos pueden llevar a esa inmensa mayoría de españoles que los miramos sin terminar de dar crédito a lo que vemos.

No demuestran tampoco muchas luces ninguno de ambos extremos, al no mostrar ni una gota de sensatez, de comprensión democrática ni de respeto al conjunto de los españoles. No parecen conscientes del peligro de meternos a todos en un callejón sin salida, después de la etapa democrática más larga de nuestra historia y después de quinientos años de convivencia, con todos sus problemas, pero convivencia al fin y al cabo.

Es que me da vergüenza repetir lo de la absoluta necesidad de romper con esta situación y emprender un diálogo sincero, democrático y respetuoso capaz de conducirnos a alguna parte que no sea el desastre o el enfrentamiento civil.

De verdad se lo digo a todos: es una vergüenza que no sean capaces de pararse a meditar un minuto pensando en los intereses generales de los ciudadanos y no en sus miserables intereses partidistas. Se lo dice alguien que siempre estuvo junto a los luchadores de la libertad y de la democracia, sin distinción de colores concretos. Alguien que siempre contó entre sus mejores amigos con los defensores de los derechos y libertades de los distintos territorios, con o sin ingrediente nacional, que componen el Estado, la nación o naciones, las regiones de esa cosa tan difícil llamada España.

Pedro Calvo Hernando

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