lunes, febrero 6, 2023

Como una moto

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AL LORO

Lo dicen los suyos, que Rajoy está como una moto, que se dedica al partido como nunca hasta ahora se había dedicado, que además pasa horas con Soraya preparando los decretos que el gobierno quiere aprobar antes de que acabe la legislatura, y que lo va a hacer sin complejos, le importa un bledo que le acusen de electoralismo.

Dicen también que tiene un cabreo no sordo –se advirtió en el debate del pasado miércoles- con Pedro Sánchez y que en estos momentos considera rotos los puentes que tenía con el líder de la oposición. No le perdona que haya dado tanto poder a Podemos. Y dicen que tiene datos concretos sobre las personas del Psoe que discrepan de la estrategia marcada por su secretario general. Sin embargo, las personas que dicen todo eso y que son cercanas a Rajoy, no saben si mantiene su buena sintonía personal con Felipe González. Si es que sí, quizá por eso sepa qué se cuece realmente en las interioridades del Psoe.

Además de dedicar más tiempo que nunca al partido, Rajoy está muy encima de que sucede en Cataluña. Como le ocurre a infinidad de catalanes y de no catalanes, tiene los ojos a cuadros con la famosa lista que se han sacado de la manga Artur Mas y Oriol Junqueras.

El presidente de la Generalitat se ha salido con la suya al presentar una lista única independentista, pero habrá que ver si es la lista que más gusta a los catalanes que históricamente han votado CiU y que ahora tendrán que votar a personajes tan peculiares como los que incluye la lista separatista. Y además con la exigencia de Artur Mas de que si gana esa lista, el President seguirá siendo él, no el número uno, ni  el dos ni el tres. Él, Artur Mas en su misma mismidad. Faltaría más. Habrá que ver si gana, que esa es otra.

Los datos que manejan en las alturas afirman un incremento espectacular del voto a Ciudadanos, que recoge el del PP que se desploma, e incluso algunos votos de CiU no independentistas que sin embargo no acaban de estar cómodos con una Unió que tardó excesivo tiempo en definirse como claramente no independentista. Se trata en su mayor parte de catalanes que creen que el voto útil no independentista lo puede manejar mejor Albert Rivera que cualquier otro candidato. Eso que dicen los sondeos se nota en Cataluña nada más salir a la calle.

Hablando de sondeos, que no siempre aciertan pero todos acabamos pendientes de lo que dicen como si nos fuera la vida en ello, los profesionales de la cosa andan a vueltas con la forma en que el efecto griego puede influir en las próximas elecciones españolas.  

Podemos hace mutis por el foro porque no le conviene a Pablo Iglesias hacer mucho alarde de amistad con Tsipras, después del lío monumental que tiene en su propio partido y en la propia Syntagma, que mide el pulso social, y donde le llaman traidor con todas las letras. Se libró de una buena Pedro Sánchez cuando no consiguió ser recibido por Tsipras con todos los honores antes de ganar las elecciones; ahora se estaría tirando de los pelos, mientras que puede arremeter contra Iglesias por su amistad con quien ha llevado a los griegos a la situación actual tras unas negociaciones de desastre y un referéndum que descalabró su diálogo con el Eurogrupo. Rajoy en cambio está en condiciones de marcar distancias con lo ocurrido en Grecia, aunque Sánchez se empeñe en tratar de sacarle los colores diciéndole que él, Rajoy, ha engañado tanto a los españoles como Tsipras a los griegos. Se nota que Sánchez todavía no le ha cogido el punto a Rajoy: no se inmuta con esa clase de supuestos paralelismos, de acusaciones. Al contrario, se siente con más argumentos para arremeter contra el adversario.

Nos esperan  cuatro meses de ring, y el combate no puede ganarse a los puntos. Solo hay sitio para un vencedor… que no tiene por qué ser el que deje tumbado al otro en la lona.

Pilar Cernuda

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