domingo, diciembre 4, 2022

Dos Europas, dos -al menos- Españas.

Ante el abismo. O ante la oportunidad de que todo empiece a arreglarse, porque la crisis conlleva, como decía Einstein, el comienzo de la solución. Dos Europas se asoman al barranco de la división, impulsada la una por las tesis conservadoras, sólidas, de Alemania y la eurocracia, y lanzada la otra al vértigo de variados impulsos periféricos y de autodestrucción. Merkel frente a Tsipras, Schäuble versus Varufakis, es una batalla, si así puede llamarse, con un ganador y un perdedor seguros. Sobre todo, cuando los de Syriza plantean ecuaciones imposibles, pretendiendo, eso sí, contar con el primo de Zumosol, ese peligro llamado Putin. Es lo que tiene todo comienzo de una era inédita, como ante la que estamos comenzando a transitar: que dos opciones se oponen, incapaces, a lo que se ve, de llegar a un acuerdo, y se alinean frente a frente los contendientes, listos para el combate final. Y aquí, en casa, pasa también, claro está, con la exacerbación del concepto machadiano de las 'dos Españas'. O más, que diría Mas…

La idea de las dos Europas, la que apoya en las redes sociales, en algunas manifestaciones, en varios escaños del Europarlamento y en ciertos periódicos, la rebeldía de Tsipras y el loco referéndum que, de una u otra forma, perderá este domingo en Grecia, frente al Viejo Continente conservador y orgulloso de sus logros, tiene una correlación con esos dos Españas… que son al menos dos. La España que reclama cambios y la que quiere consolidar lo logrado. Lo hemos visto en las últimas elecciones locales y autonómicas, que se han inclinado a favor de un cambio a base de retazos frente a las tesis más 'inmovilistas' del PP en general y de Mariano Rajoy muy en particular. Este sábado se producían las tomas de posesión de dos presidentes autonómicos socialistas que, apoyados por Podemos, no dejarán de constituir un quebradero de cabeza para el poder político consolidado, un poder que, digan lo que digan las encuestas, sigue teniendo mayoría absoluta en las cámaras legislativas, al menos hasta finales de este año.

Tsipras, con Putin quizá al fondo, en combate desigual contra Merkel, que cuenta con Juncker -al fin y al cabo, ella lo puso donde está- y con cuanto la Comisión Europea significa, como indeclinables aliados. Rajoy, con Merkel al fondo, empeñado en enfrentarse en la finalísima por el sillón de la Moncloa contra Pablo Iglesias, que sigue, en la hora extrema, apoyando el malabarismo suicida de Tsipras. A ríos revueltos por la intemperancia, ganancia cierta de pescadores centristas: Pedro Sánchez, Albert Rivera aquí en España; Matteo Renzi y quizá Hollande -más probablemente, Manuel Valls– en una Europa que solo teóricamente cabe en el puño de hierro de la canciller alemana, quizá algo injustamente presentada como una especie de cancerbero de las esencias y del 'statu quo'.

Dos Europas, dos Españas… dos Cataluñas. La que apoya la independencia del resto de España y la que prefiere otras soluciones menos traumáticas. El instituto demoscópico de la Generalitat ha conmocionado a los catalanes al colocarles frente al espejo: la opción secesionista pierde cada día más adeptos. Artur Mas desaparecerá del paisaje político al día siguiente de 'sus' elecciones, que él mismo ha convocado para perderlas sin duda alguna. NO estoy seguro de que en Cataluña gane, a partir del 27 de septiembre, lo que podríamos llamar genéricamente 'el centro', porque las cosas son demasiado transversales, y los conceptos izquierda-derecha pierden fuerza frente al independentismo-no independentismo. Pero yo diría que la secesión se aleja, lo que sin duda le vendrá bien a Rajoy -esperar a que las cosas se pudran, sin mover 'casi' ni un dedo, le da resultados- y, qué duda cabe, también a la idea de una Europa sin demasiados sobresaltos.

La crisis, traigo aquí de nuevo a Einstein, es «la mejor bendición que puede sucederles a personas y países, porque la crisis trae progresos«. Claro que también nos advierte Einstein de que «la verdadera crisis es la de la incompetencia; el inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar salidas y soluciones». Yo pongo punto final a esta reflexión a tres bandas atreviéndome a añadir algo a las frases del genial físico alemán: las crisis acaban devorando a quienes las provocaron. Póngale usted mismo los nombres a quienes terminarán devorados por los conflictos que ellos mismos crearon. O que no supieron evitar.

Fernando Jáuregui

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