sábado, diciembre 3, 2022

Estrategias políticas y militares

El General Stanley McChrystal fue de junio de 2009 a junio de 2010 el Jefe de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (FIAS, o ISAF en sus siglas inglesas) en Afganistán, que agrupaba con el visto bueno de la ONU a una amplia coalición de la OTAN con países de diversos continentes. McChrystal contribuyó al establecimiento de una doctrina contra la insurgencia en la que se insistía en la necesidad de que las fuerzas militares extranjeras confraternizaran con las poblaciones locales para que estas las viesen como protectoras frente al terrorismo del que eran también víctimas y no como ocupantes. Expulsar a los terroristas, impedir su retorno y construir una administración civil (“clear, hold and build”) eran los objetivos de esta doctrina que, sin embargo, en Afganistán dejó excesivamente en manos militares el tercer componente como, acertadamente, señala el entonces Embajador de los EEUU en Kabul, Karl Eikenberry.

Esta doctrina se retrataba bucólicamente mediante una estampa con los mandos de una patrulla militar tomando un té con el Jefe y los Ancianos de cualquier pueblo afgano. Pero con ello se ponía también el dedo en una cuestión esencial de las operaciones militares expedicionarias de paz: determinar claramente el objetivo político al que toda acción militar debe subordinarse.

Recientemente este General, ya retirado, ha insistido en la necesidad de un claro objetivo político, que estima ausente, para enmarcar las operaciones militares aéreas norteamericanas contra los componentes del autoproclamado Estado Islámico y su califato establecidos en Siria e Irak. Tiene razón y no es el único en señalarlo. Su crítica también apunta a que las operaciones militares aéreas sin ocupación del terreno pueden tener un éxito relativo y de corta duración.

Si consideramos las operaciones militares en Irak (primera y segunda guerra), Afganistán, Siria y Libia se pone en evidencia lo antes señalado. En la primera guerra contra Irak el objetivo político avalado por la ONU y respetado por el Presidente Bush (padre) fue claro: liberar Kuwait, ocupado por Irak. La operación fue política y militarmente exitosa.  En Afganistán el objetivo político fue favorecer una democracia capaz de mantener su propia seguridad. La acción militar tuvo bastante éxito. Su consolidación estará cada vez más en manos de los propios afganos.

En la ilegal y reprobable ocupación de Irak por Bush (hijo) el objetivo político fue el derrocamiento de Sadam Husein y la transformación de su dictadura en una democracia. Al término de la ocupación militar los iraquíes disfrutan de esa democracia. Han sido los abusos revanchistas de la mayoría chií contra la minoría suní (al revés en tiempos de Sadam) los que finalmente han facilitado la implantación del califato suní en partes de Irak esencialmente del mismo cuño religioso donde las fuerzas militares iraquíes difícilmente logran combatirlo. En Siria fue la falta de una visión común de la Comunidad Internacional la que ha contribuido al caos sobre el que el terrorismo califal se asienta.

En Libia la acción militar, avalada por la ONU, fue definida políticamente para proteger la población libia frente a Gadafi, su dictador enloquecido. Ello sólo podía llevar a su derrocamiento por su empecinamiento en no rectificar. En cambio, el post-Gadafismo político no fue bien enfocado. Entre otras cosas por la resistencia de los países coaligados, árabes incluidos, en ocupar el terreno. De ello solo podía ser consecuencia el desorden habido en esa disgregada sociedad pluritribal tras la muerte del dictador unificador.

Todo ello subraya la necesidad de la Comunidad Internacional de poder contar con un liderazgo del Consejo de Seguridad de la ONU más preciso y mejor elaborado en las operaciones de mantenimiento de paz. Sin embargo, la actitud rusa y china así como el declive, aunque relativo, de los EEUU, pueden alejarnos del objetivo necesario por inanición del Consejo.

Moscú no desea someter sus diferendos con Europa y los EEUU porque está violando el Acta Final de Helsinki. Beijing afecta muchas veces no estar concernida por una ONU en cuya creación no participó la China comunista porque quiere las manos libres en el Extremo Oriente. Washington, aún la primera superpotencia, parece perder cada vez más la voluntad de involucrarse en conflictos. París y Londres van a lo suyo en Nueva York. Ese es el panorama que ofrecen los miembros esenciales del Consejo, los cinco Permanentes. La Unión Europea, sin músculo militar suficiente, no consigue emerger como verdadera potencia mundial.

Caminamos hacia una multipolaridad internacional más inestable y desordenada de la que no están ausentes los riesgos nucleares además del terrorismo yihadista y los de numerosas sociedades empobrecidas, desorganizadas y desestabilizadas. La UE debe apostar por fortalecer el Consejo de Seguridad mediando entre los Permanentes y aportando iniciativas propias, ser un proveedor eficaz de seguridad en su entorno inmediato, sin debilitar su alianza transatlántica, e involucrarse decididamente en la seguridad mundial.

Carlos Miranda

Embajador de España 

Carlos Miranda

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