sábado, noviembre 26, 2022

Susana tiene casta

Susana Díaz ha demostrado que acertó en su estrategia y le ha madrugado las ansias a las alternativas a 33 años de gobierno socialista ininterrumpido en Andalucía, que ahora serán 37. Podemos entra en el Parlamento andaluz para, seguramente, ser irrelevante aunque gritón, ya que el PSOE dispone de varias geometrías para gobernar. Y el PP debe estar ya comprobando que su análisis sobre las europeas y las posibilidades de la formación política de Pablo Iglesias eran equivocadas. Su merengue se lo han comido Podemos y Ciudadanos. Rajoy es el gran perdedor  a primera vista, aunque, en que en Andalucía y el PSOE haya estabilidad, tiene un bálsamo.

El 22M deja un Parlamento andaluz irreconocible, en el que entrarán varios políticos que eran desconocidos hace unos meses. Teresa Rodríguez y troupe, Ciudadanos y sus “naranjitos”. Izquierda Unida se convierte en irrelevante, ya que ni siquiera puede darle otra vez la investidura a Susana Díaz. Su sangría va a parar a la acequia de Podemos, como era natural. Pero más sorprendente es que Podemos se haya llevado probablemente decenas de miles de votos del PP.

Un líder de Podemos aseguraba que “el cambio es imparable y aquí se demuestra”. No lo parece. El problema, al igual que en tantas cosas de esta vida, son las expectativas. Es decir, que si Podemos y Pablo Iglesias venían a imponer su doctrina con una arrolladora mayoría social, las urnas dicen que bueno, que ahí están, pero no para decidir nada. En torno a un 15% de votos lo colocan en un honroso tercer escalón, pero no se ve la arrolladora mayoría social por ningún lado. El bipartidismo se ha convertido en cinco partidos, cuatro fuertes y uno residual. La geometría que dejan estos resultados deja a Podemos en una cuneta, con el destino de gritar en el Parlamento, sin ser decisivos ni relevantes.

Ese es un papel que se reserva a Ciudadanos, con sus 9 diputados, nada mal resultado a un partido con cuna en Cataluña. A la formación de Albert Rivera han llegado votos de variados lugares, sin duda, pero sobre todo del PP, el gran donante en estas elecciones.

Moreno Bonilla fue designado por Rajoy a inmolarse. El PP no leyó bien los resultados de las europeas, seguramente camuflados por el trauma del PSOE y la dimisión de Alfredo Pérez Rubalcaba. La formación que preside Mariano Rajoy ha perdido cerca de medio millón de votos en estas elecciones. Y eso que era la alternativa al poder omnímodo del PSOE. Es decir, ha sufrido más desgaste que Susana Díaz, que gobernaba en la crisis y estaba asaltada por los procesos de los ERE y Cursos de Formación.

No leyó que sus votantes estaban saturados y podían estar emigrando a Podemos, una bestia alimentada desde un medio cercano al PP. Una vez puesta en circulación, resulta que no solo estaba haciendo la pascua al PSOE, sino que se merienda los votos del PP. No hay noticias de lo que Arriola opina al respecto, ni lo que haya vaticinado al particular, pero sí está claro que Rajoy, que ha jugado a “dedo de Dios” a la hora de elegir candidatos con su segunda a bordo, Soraya Sáenz de Santamaría, en plan de aprediza de bruja, ha metido la pata.

Seguramente se tranquilizará pensando que, de lo malo, que Susana Díaz y el PSOE aguanten firme es lo mejor para la estabilidad del país.

Susana y la estabilidad, la gravidez y el poder. La líder del PSOE andaluz ha demostrado tener casta y sobreponerse a tormentas perfectas. Con pocos mimbres, ha capeado un temporal desatado por la juez Alaya, Pablo Iglesias, Pedro Sánchez y la crisis. Cierto que sus resultados clavan los de 2012, pero en determinadas circunstancias, sobrevivir es una victoria.

Adelantar las elecciones ha sido una jugada de enorme inteligencia, en la que parece hasta que ha calculado los tiempos de su embarazo. Si alguien decía que no había ganado nunca, aquí está, sacando delantera a los cantos de sirena de Podemos, con la oposición de Ferraz y gobernando el PP en Madrid. Y con los lastres de Manuel Chávez y José Antonio Griñán, presidentes imputados.

Sobre el bipartidismo. Por si alguien cree que gritar en la tele vale más que los votos, entre PP y PSOE han reclutado más del 60% de los votos, con todo en contra. Lo peor de todo, no estar de moda, parecer un producto caduco de boutique de cuarta. Y eso que el PP ha regalado sus votos a espuertas. Los que creían que iban a barrer el bipartidismo no juntan el 25%, Podemos el 15. Se dice esto para aquellos que se creen que gritar, en la calle o en la tele, vale más que los votos. Esta es la democracia real. La que gozosamente tiene este país desde 1978.

 

Joaquín Vidal

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