jueves, diciembre 1, 2022

Oídos sordos

Los acontecimientos de los últimos días me han traído a la memoria una frase acuñada por Adolfo Suárez en los difíciles tiempos de nuestra Transición: “elevar a la categoría política de normal lo que a nivel de calle es simplemente normal”.

Con esa frase, Suárez no hacía sino verbalizar un principio básico de la política democrática: dar cauce a las demandas de la sociedad mediante los esquemas legales necesarios en cada momento para asegurar la convivencia en paz y en libertad. En el fondo, gobernar no es otra cosa que anticipar escenarios deseables de futuro y poner los medios más adecuados para hacerlos realidad. O, al menos, no quedarse rezagado de la realidad ni, mucho menos, actuar de espaldas a ella, haciendo oídos sordos a lo que en la calle es normal.

Gobernar no es otra cosa que anticipar escenarios deseables de futuro y poner los medios para hacerlos realidad

Lo sucedido con la ley del aborto en los últimos tres años es ejemplo paradigmático de esto último.

Cuando José Luis Rodríguez Zapatero impulsó la vigente Ley Orgánica 2/2010 de salud sexual y reproductiva y de interrupción voluntaria del embarazo lo que estaba haciendo era plasmar en un texto legal lo que era normal a pie de calle. Esa ley pretendía dar respuesta al cambio experimentado por la sociedad española a lo largo del período democrático, actualizando la legislación de nuestro país en esta materia e integrándolo en los usos y costumbres de los países de nuestro entorno con una ley equiparable en sus previsiones.

Con su reaccionaria respuesta a esta ley, el Partido Popular, primero en la oposición y luego en el Gobierno, no le dio la espalda al Gobierno socialista o a un determinado sector social: le dio la espalda a la inmensa mayoría de la sociedad española, al no entender que esta había cambiado, madurado y progresado desbordando por completo los esquemas que el partido tenía de ella.

Rajoy, utilizando como brazo ejecutor a Gallardón, quiso constreñir a la sociedad española y retrotraer sus esquemas morales 30 años atrás, pero ha tenido que acabar reculando, no por convicción sino por mero cálculo electoral: cree que la retirada del proyecto le reporta más beneficio. Que lo haya justificado apelando al riesgo de aprobar una ley que una mayoría alternativa retiraría con total seguridad en la próxima legislatura es una prueba más de su cinismo político: ni la ley de educación ni la reforma laboral sobrevivirán a un cambio de mayoría y no por ello las ha retirado.

La dimisión de Gallardón, por tanto, enfatiza aún más la falta de principios de Rajoy y de todo un gobierno que no tuvo empacho en defender una contrarreforma indefendible y ahora mira para otro lado.

De espaldas también ha vivido con respecto a Cataluña.

Comparto que el Gobierno hace lo que tiene que hacer al poner en marcha toda la maquinaria legal para frenar el intento inadmisible del president Mas y del Parlament de Cataluña de vulnerar la legalidad vigente convocando un referéndum ilegal sobre una materia, la independencia de Cataluña, para la que no tiene competencia.

Rajoy y el PP han optado por una estrategua de oídos sordos

Pero que, llegados a este punto, el Gobierno esté haciendo lo que tiene que hacer no quita que no haya hecho esfuerzo alguno para evitar tener que hacerlo.

Como con su intento de abolir la actual ley del aborto, Mariano Rajoy y el PP han dado la espalda a los cambios experimentados por la sociedad catalana. En vez de abrir un proceso de diálogo para abordar cambios necesarios y profundos en el sistema heredado de la Transición para actualizarlo y mejorar su funcionalidad y capacidad de respuesta ante los nuevos tiempos, ha decidido permanecer inmóvil dando carnaza al sentimiento de agravio que ha inoculado el nacionalismo catalán en la sociedad de esa comunidad autónoma. Es decir, en lugar de reaccionar con una oferta de reformas para la convivencia que diera respuesta a unas demandas, compartibles o no, pero legítimas de reconocimiento, mejor financiación y más autogobierno, Rajoy y el PP han optado por una estrategia de oídos sordos que ahonda las diferencias y aboca a la confrontación, la frustración y la ruptura. Justo lo contrario de lo que se necesita, tal y como acaba de poner en evidencia el caso escocés. Y todo ello, una vez más, por cálculos electorales.

Y mientras todo esto sucede, Rajoy de turismo en China…

José Blanco

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