domingo, febrero 5, 2023

La punta del iceberg

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El enunciado que titula la función, al ser utilizado casi para todo, ha perdido su condición de metáfora, para convertirse prácticamente en frase hecha. Por eso, el título es lo que menos me ha gustado de la función que se ha visto en el Teatro de la Abadía durante el mes de marzo. Sin ser consciente de ello, me sugirió que la obra iba a estar llena de lugares comunes y obviedades que, por otro lado, la temática y lo que de ella se adelantaba, parecían propiciar: las difíciles relaciones personales en el mundo laboral.  

El discurrir de una oficina, los temas estrictamente laborales, sin el “glamour” de una profesión más fotogénica, son ambientes y temas prosaicos, no muy queridos por el teatro. Aunque un porcentaje elevado de nuestra vida transcurre en el trabajo, no es muy habitual encontrar dramaturgias y propuestas que buceen en el sustrato de esos ecosistemas que, sin embargo, determinan las vidas de sus habitantes e influyen tanto en las relaciones sociales y familiares.  El director de esta obra, Sergi Belbel, es una excepción. Además ha obtenido otros grandes éxitos con esta temática, como el muy reconocido El método Grönholm. En este caso el texto es de Antonio Tabares y, sin duda, es un gran acierto de Belbel el haberlo escogido. Como al reparto que, con Nieve de Medina a la cabeza, parece que se conjuren para ofrecer una función excepcional. Por fortuna, nada de lo que yo esperaba sucede y lo que recibo me atrapa, me sorprende, me entretiene, me hace pensar, me emociona. ¡ Ostras con el buen teatro!, que regalo más hermoso.

Las respuestas y reflexiones, quedan para el corazón y la cabeza de cada espectador

Vivimos en la España del paro, y eso significa muchas cosas. Por supuesto y fundamentalmente, que las personas que no encuentran trabajo, por consiguiente no disponen de los medios suficientes para poder vivir. Pero el temible porcentaje de paro, tiene otras muchas y nefastas consecuencias en el mundo laboral. ¿Cuánto estamos dispuestos a tolerar  por mantener un trabajo? Y, sobre todo, ¿cuánta degradación personal y social genera esa tolerancia extrema? Las respuestas y reflexiones, quedan para el corazón y la cabeza de cada espectador.

Aunque todo el equipo artístico de esta función merece felicitaciones, me permito centrarme especialmente en el autor. Me parece que ha construido un texto muy inteligente, atrevido y profundamente observador. Nada demuestra más la inteligencia de un autor, que el hecho de que considere inteligente al público. Nada se agradece tanto como público, como el hecho de sentirte tratado como alguien inteligente por el autor.

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