sábado, diciembre 10, 2022

Los charcos de Gallardón

No lo entiendo, de verdad que no puedo entender como Alberto Ruíz Gallardón se mete en tantos charcos. Cada vez que pone una reforma en marcha consigue ponerse en contra a tirios y troyanos. Ya sea la reforma del Consejo General del Poder Judicial, la ley del aborto o la reforma de la Justicia Universal, el caso es el ministro de Justicia siempre organiza la «marimorena», por más que el ministro respire tranquilo al haber rechazado el Congreso la propuesta del PSOE para la retirada de la ley del aborto.

Es una ley que tiene fecha de caducidad, exactamente hasta que el PSOE vuelva a gobernar, pero mientras tanto muchas mujeres sufrirán las consecuencias.

Me pregunto que queda de aquel Alberto Ruíz Gallardón que era el verso suelto del PP y eso le llevaba a tender la mano a otros partidos y a pensar no solo en los suyos, también en el resto de los ciudadanos. Pero ahora se ha empeñado en colocarse en el ala más dura y retrógrada de su partido y no dejo de preguntarme cómo puede cometer semejante error un político inteligente como lo es.      

El problema es que Ruíz Gallardón en vez de reformar arrasa con la legislación actual

Sin cuestionar, por ejemplo, que se podía necesitar una reforma de la legislación sobre la «Justicia Universal» el problema es que Ruíz Gallardón en vez de reformar arrasa con la legislación actual. Entre pretender detener a Jiang Zemin, el anterior hombre fuerte de China, por las masacres llevadas a cabo en el Tibet, y cargarse de un plumazo la posibilidad de que por ejemplo se persigan los crímenes cometidos contra españoles o residentes en España, como es el caso de las niñas africanas a las que sus padres las someten a ablación en sus países de origen, o no perseguir a los pederastas, o renunciar a perseguir a los narcotraficantes en alta mar, va un abismo.

Para empezar no se entiende que el ministro no haya intentado buscar el consenso con la oposición para reformar esta ley. No se trata de darles las leyes como hechos consumados sino de sentarse a hablar y explicar el sentido último de sus reformas. Pero una cosa es reformar y otra arrasar, y claro, es difícil el consenso, no solo porque el ministro no lo busque, sino porque con cada una de sus pretendidas reformas lo que hace es no dejar en pie nada de lo existente.

Hay delitos, seguramente el de las masacres del Tibet, que deberían de ser perseguidos por el Tribunal Penal Internacional. Porque se supone que está para eso. En mi opinión, es necesario que todos los países que reconoce el Tribunal Penal Internaconal pongan más empeño en dotar a este Tribunal de las alas suficientes para que puedan investigar todo aquello que atenta contra los derechos humanos. Y no solo las masacres en Tibet. Ahí están los riquísimos países del Golfo Pérsico, o Arabia Saudita, o Afganistan, donde ser mujer es menos que nada y donde se violan los más elementales principios de la dignidad de las mujeres. ¿Por qué nadie les persigue? ¿O que me dicen de los excesos llevados a cabo por el régimen cubano? En fin, que yo entiendo que nuestros jueces no se puedan dedicar a perseguir a todos los sátrapas que en el mundo son pero hay otros delitos que pueden y deben de ser perseguidos por nuestros tribunales precisamente en nombre de la Justicia Universal.

Gallardón ha decidido cortar por lo sano, cree que si no hay jurisdicción universal se acabaron los problemas con países como China o EEUU

Resultaría insoportable que no se pueda perseguir a quienes asesinaron al cámara José Couso. O que las fuerzas de seguridad que persigan a unos delincuentes dedicados al narcotráfico de repente paren la persecución porque se han salido de nuestras aguas jurisdiccionales. O que no se pueda perseguir a los asesinos que en El Salvador acabaron con la vida de Ellacuria.

Tampoco se podrá perseguir a los tratantes de seres humanos, esas mafias que se dedican a traer mujeres a España engañándolas y luego las obligan a dedicarse a la prostitución.

Pero no, el ministro Ruíz Gallardón ha decidido cortar por lo sano, cree que si no hay jurisdicción universal se acabaron los problemas con países como China o Estados Unidos que por no reconocer no reconocen la jurisdicción del Tribunal Penal Internacional. Pero el ministro Ruíz Gallardón en vez de arreglar un problema ha provocado otro mayor.

El Gobierno se ha vuelto a quedar solo y además ha provocado el enfado de un sector importante de la Judicatura, amen del retroceso que la reforma de la jurisdicción universal supone para la causa de los derechos humanos. Lo dicho, cada vez que emprenden una reforma parecen elefantes en cacharrería y se les va la mano.

Julia Navarro

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