viernes, diciembre 9, 2022

El Padre Ángel llena sus mochilas de ilusión

Hace un par de días tuve el honor de entregar al Padre Ángel el Premio «La Pesquera», por su labor en favor de los más necesitados. En su discurso de agradecimiento este hombre cuyo único capital es su enorme sonrisa y su inmensa solidaridad, pronunció un discurso que helaba el corazón: primero sobre la situación que están viviendo los habitantes de Lampedusa, de donde acababa de llegar, y donde han muerto ahogadas 280 personas -hombres, mujeres, niños-, cuyo único pecado ha sido tener que salir huyendo de sus países de origen en busca de un mundo mejor.

El Papa Francisco está revolucionando la Iglesia más conservadora, más acomodada

De una Europa cuyos dirigentes hacen oídos sordos a sus lamentos, les vuelven la espalda, no se sabe si por incapacidad para abordar un problemas que corresponde a todos solucionar, o porque han perdido todo atisbo de solidaridad. Solo así se entiende que se dicten leyes como las aprobadas en Italia por las que se castiga a aquellos pescadores o marineros que se atrevan a prestarles socorro cuando una patera llena de gente que se están ahogando, que no llegan a la costa, y que acaban en el fondo del mar sin que nadie haga nada por socorrerles.

¡Una vergüenza!, en palabras del Papa Francisco, que se ha convertido en la conciencia del mundo. Un hombre para quién los más necesitados, son los primeros, los primeros a los que habría que atender, dar comida, medicinas, educación, y no castigar como se está haciendo ya en países como Francia, que expulsa a los gitanos sin que se oiga una voz de protesta por lo que a todas luces es una injusticia ya que la mayoría de ellos pertenecen a países que forman parte de la Comunidad Económica Europea.

Fuera de micrófono el padre Ángel me habló de la labor emprendida por el Papa Francisco, que está revolucionando la Iglesia más conservadora, más acomodada, cuyos representantes viven de espaldas al mundo real, al mundo de la calle, al mundo de una clase media que ve como en apenas dos años ha perdido poder adquisitivo, incluso sus casas o sus trabajos, algo impensable hace un par de años, y que hoy es una realidad pese a las palabras del ministro Montoro cuando dice que los salarios no han bajado. No habrá bajado el suyo pero sí el de cientos, miles de funcionarios, de ejecutivos, de arquitectos, de médicos, de empleados, de familias que por no tener no tienen ni siquiera para dar de comer a sus hijos o comprarles los libros que necesitan si quieren estudiar. Un problema grave que conocen bien en Mensajeros por la Paz, que están tratando de paliar gracias a una campaña «Llena sus mochilas de ilusión», que ha recogido ya 8,5 de toneladas de material escolar, que se entregara en los próximos días a niños sin recursos.

Entre los premiados de «La pesquera», se encontraban otras asociaciones o fundaciones como la que preside Isabel Gemio, para niños con esclerosis múltiple, o Nuevo Futuro, que da casa, comida y estudios a más de mil niños sin recursos. Iniciativas que nos dan idea de cómo los ciudadanos, con la ayuda de muchos empresarios, se empiezan a organizar ante la indiferencia de las administraciones públicas.

 

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Rosa Villacastín

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