martes, febrero 7, 2023

Rubalcaba se ve en La Moncloa

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Alfredo Pérez Rubalcaba, secretario general del PSOE, se ve ya en La Moncloa. Ha hecho sus cálculos y, dando por hecho que dentro de dos años el PP no conseguirá revalidar la mayoría absoluta, sueña con coronar la cima del poder. Atraviesa por una etapa optimista. No parece dar importancia a las encuestas que rubrican un considerable  desafecto de los electores hacia el Partido Socialista. Sus cuentas no tienen en cuenta más que la suma aritmética, no las derivadas éticas. Tengo para mi que llegado el caso, si fuere menester, pactará con lo que quede de CiU y con lo que tenga ERC en el Congreso de los Diputados. Tampoco le preocupa que desde IU Cayo Lara alerte a los suyos acerca del descaro con el que -según dice- el PSOE les roba ideas y causas. Llegado el momento -ocurrió ya en Andalucía- Rubalcaba sabe que son pocos -por no decir ninguno- los que resisten la tentación del poder. Confía, pues, en la suma de muchos pocos.

Escuchando al líder socialista, uno saca uno la impresión de que las solas nubes que se ciernen sobre su sueño presidencial, paradójicamente, proceden de su propio partido. Todos recordamos que fue elegido secretario general en el congreso celebrado en Sevilla pero que lo suyo no fue un plebliscito. Su rival, Carmen Chacón, también consiguió muchos apoyos. Entre otros, el de Pepe Griñan, a la sazón, todavía presidente del PSOE. Amortizado Griñán (el fraude de los ERES ha sido su «kriptonita»), Rubalcaba puede manejar con tranquilidad los hilos internos del partido para llegar a unas elecciones primarias teniendo bajo control y de su parte a los barones regionales. Su calendario está pensado para salir airoso de la conferencia política que se celebrará a finales de otoño. Después, si no cambia de idea -y no parece que vaya a cambiar- anunciará elecciones primarias para mediados del año que viene. Primarias abiertas. Con voto de los afiliados al día en el pago de cuota y -la novedad-: también podrán votar los simpatizantes. Esta fórmula ya fue experimentada en Francia y con notable éxito. Por cierto: contra pronóstico, el elegido fue François Hollande.

 En fin, más que sus propias posibilidades, el aplomo que desprende el líder de la oposición y la confianza que deposita en su particular  cuento de la lechera se lo debe todo al cálculo del rechazo electoral que pueden generar los incumplimientos del PP. Visto que: desde la subida de los impuestos a la bajada del valor adquisitivo de las pensiones, Rajoy ha incumplido todas sus promesas electorales. Rubalcaba confía en que los populares perderán la mayoría y, también, en que pase lo que pase el año que viene en Cataluña (la deriva independentista puede acabar en falla valenciana con el consecuente cambio de «ninot») al final, podrá pactar: con Artur Mas o con quien esté al frente de Convergencia. Para hablar de éstas y de otras cosas, ésta semana, Rubalcaba tenía previsto un encuentro discreto con Duran Lleida. Si Duran se recupera de una inopinada indisposición, la entrevista tendrá lugar en breve. Aunque todavía faltan dos años para las próximas elecciones legislativas, Alfredo Pérez Rubalcaba mueve los hilos para, llegado el momento, tenerlo todo atado y bien atado. Como digo, se ve de nuevo en La Moncloa, pero esta vez como inquilino principal.

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Fermín Bocos

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