martes, febrero 7, 2023

Esperando (pacientemente) a Rajoy

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Mariano Rajoy comparece tarde, a la fuerza y mal ante el Congreso de los Diputados para dar explicaciones del que probablemente es el mayor escándalo político de corrupción de la democracia. La opinión pública cree más a Bárcenas que a Rajoy. Confía más en la palabra del que ha sido tardíamente declarado delincuente por el PP que en la del presidente de Gobierno. No es un asunto menor.

A favor del declarante juega el mes de agosto, el reglamento de la cámara y la mala calidad dialéctica de sus interpelantes. Además, como si el PSOE no tuviera bastantes problemas, la precipitada nominación de la candidata «búlgara» a la Junta de Andalucía facilita un altavoz extraordinario al asunto de los falsos ERE. En un universo tan proclive al «y tu más», una baza para romper el ritmo de la sesión diseñada para acorralar a Rajoy. Solo José Griñán sabrá si tenía necesidad de tanta premura en anunciar su huída hacia delante o también ha aprovechado la ocasión para darle otro bajonazo al amigo Rubalcaba.

En un parlamento diseñado para escrutar la verdad, que no es el caso del español, sería muy importante llevar los deberes preparados para arrinconar al interpelado. Gürtel, finanzas irregulares, comisiones prevaricadoras y sobresueldos darían para una sesión de mucho papel, mucha cita, mucho número y muchos apuntes contables. Ni el reglamento de la cámara ni la habilidad de los diputados confieren demasiadas esperanzas a que lo que suceda sea distinto de un desgaste añadido al presidente del Gobierno. Y seguramente Rajoy no cambiará de estilo. Balones fuera, condena genérica y promesas públicas sobre su honestidad personal. Poco más.

Pronto habrá que averiguar si el ahorro de esta crisis se aplicó también a medidas de seguridad

El deterioro de la adhesión ciudadana al presidente -nunca ha gozado de gran apoyo- es lo que ha forzado la tardía comparecencia del presidente. Su sociólogo de cabecera, amigo interesado de dejar pasar el tiempo- ha establecido la urgencia ante el hundimiento del PP en las urnas. Pero está por ver si la dosis de sinceridad de la medicina permite amortiguar y frenar esta caída.

Un conspicuo dirigente del PP se lamentaba de que el accidente de Santiago hubiera tapado el eco de la mejora del empleo en España. Utilizando una tecnología tan ruin, y en espera de que el país reacciones al shock ferroviario y a la carnaza facilitada con el linchamiento del maquinista, los que siempre «quieren saber la verdad» se empiecen a preguntar por qué no había un control automático de exceso de velocidad en una curva que solo admitía ochenta kilómetros por hora.

La solidaridad ante la tragedia y la rápida reacción del Rey y del Gobierno en la solidaridad con las víctimas ha impedido, si alguien hubiera tenido esa pretensión, la utilización de la tragedia del tren para erosionar al Gobierno. Pero este asunto no se terminará con el funeral y el entierro de las víctimas. Pronto habrá que echar mano a la calculadora de la inversión en Alta Velocidad para averiguar si el ahorro de esta crisis se aplicó también a medidas de seguridad.

El día 2 es una prueba dura para Rajoy. Pero también para averiguar si esta oposición ha aprendido a apretar los dientes cuando tiene un hueso tan sabroso como la trama Gürtel, los saqueos continuados de quien gozaba de toda la confianza del presidente y los secretos oscuros de la contabilidad «B» y los «sobresueldos» del Partido Popular.

Esperando pacientemente a Rajoy sin confianza alguna en que diga cosa distinta de lo que vienen haciendo.

PD. Me resisto a establecer algún paralelismo entre el atentado del 11-M en la estación de Atocha y la tragedia de Santiago. Los que manipularon el acto del terrorismo islamista todavía no han hecho acto de presencia. Pero deben estar preparando una teoría de la conspiración. Sin que quiera decir más de lo que digo, Núñez Feijó ya ha hablado de las empresas extranjeras interesadas en desacreditar la Alta Velocidad española.

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Carlos Carnicero

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