sábado, diciembre 10, 2022

La España real

A la misma hora en que Mariano Rajoy afirmaba en el pleno del Congreso que las cosas de la economía van mejor en nuestro país, José Antonio Bustos, presidente de la Federación de Bancos de Alimentos recibía un cheque con más cuarenta y seis euros fruto de un acuerdo entre algunas editoriales y los grandes almacenes por excelencia de nuestro país, que han llevado a cabo una acción solidaria consistente en donar una parte de las ganancias de la venta de libros de bolsillo a los Bancos de Alimentos.

A esa misma hora conocíamos también otra noticia desalentadora: el 65% por ciento de los jóvenes españoles están emigrando en busca de empleo y de un futuro mejor.

El día en que los Bancos de Alimentos no tengan razón de ser, será el día en que nuestros políticos podrán decir que las cosas van bien. O el día en que los jóvenes no tengan que convertirse en emigrantes involuntarios.

El Presidente parece sentirse satisfecho del Plan de Estabilidad que ha enviado a Bruselas y del que dio información cumplida a sus señorías.

A Rajoy se le nota satisfecho de la política que esta haciendo

Mariano Rajoy sacó pecho al explicar que se ha iniciado la moderación en la senda del déficit y que eso supone alejar a nuestro país de la zona de peligro. La verdad es que la intervención del Presidente tuvo un cierto tinte optimista y eso que él no es un político dado a alegrías. Pero se le nota satisfecho de la política que esta haciendo, tanto que llegó a afirmar solemnemente que no va a varias el rumbo de la política que viene aplicando.

Pero el optimismo comedido de Mariano Rajoy chocó frontalmente con las palabras de los portavoces parlamentarios. Ni uno solo subió a la tribuna para felicitar al presidente por lo que él presentó como sus logros, sino que todos le recordaron que la realidad es otra.

Rajoy está convencido de que ha salvado a España del rescate. Y ese es el mantra que repite y quiere que repitan los suyos. Tiene parte de razón pero no toda. No nos han rescatado totalmente pero si ha habido un rescate para parte del sector financiero.

En realidad el presidente habla de las grandes cifras pero se olvida de la realidad del día a día. En la España real hay seis millones de parados. En la España real el 65% por ciento de los jóvenes se ven obligados a emigrar. En la España real la subida de impuestos ha empobrecido a los que aún conservan su puesto de trabajo. En la España real los pensionistas tienen menor poder adquisitivo y además muchos tiene que mantener a hijos y nietos con sus exiguas pensiones. En la España real los mayores de cincuenta años que han perdido el empleo difícilmente volverán a trabajar. En la España real los ricos de verdad apenas pagan impuestos mientras que la carga de la crisis se la pasan a quienes tienen una nómina. En la España real los gobiernos autonómicos del PP están desmantelando la sanidad pública y poniendo en la picota a la educación pública. En la España real los ciudadanos nos encontramos con cifras tan escandalosas como la siguiente: en el ayuntamiento de Madrid hay más de doscientos asesores. Mientras a los médicos se les dé pie por falta de presupuesto. En la España real a los pequeños empresarios no les dan crédito, etc, etc, etc.

A esa España real el presidente le pide paciencia y sobre todo fe, grandes dosis de fe

Pero a esa España real el presidente le pide paciencia y sobre todo fe, grandes dosis de fe, porque pretende que creamos que las cosas irán mejor el año próximo y mucho mejor el siguiente, sin que haya una sola indicación real de que las cosas van a ir en esa dirección.

Ya he escrito en otras ocasiones que no dudo de la buena fe del Presidente Rajoy, pero me llama la atención su cabezoneria, acaso salpicada de alguna nota de soberbia, al asegurar que no piensa cambiar el rumbo de su política, que es tanto como afirmar que no está dispuesto a tener en cuenta lo que le dicen los demás.

Nuestro país necesita un consenso lo más amplio posible para abordar la crisis, pero el consenso solo es posible si todas las partes ceden en algo. Si el Presidente ni siquiera considera poder variar levemente el rumbo, entonces solo cabe el pesimismo.

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Julia Navarro

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