viernes, diciembre 9, 2022

Encaje de bolillos

La frivolidad de las encuestas cuando apenas se ha rebasado un año de nuevo Gobierno, es, precisamente, esa: que son encuestas. Pero para ver la tragedia no hace falta sino mirar las mismas cifras desde otra óptica: si cuando apenas se ha rebasado un año de Gobierno, las encuestas ya dicen lo que dicen, qué pasará cuando se cumpla la legislatura y haya que volver a las urnas. Pero se mire como se mire, la debacle que apuntaba el sondeo de El País el pasado domingo debería hacer reflexionar tanto al partido en el poder como a la oposición.

Ya sabemos todos la respuesta oficial ante estas cosas: el único sondeo válido es el de las urnas. Y además es verdad porque luego, en España al menos, las intenciones de voto y los votos reales suelen diferir bastante y nadie es capaz hoy por hoy de prever como irán las cosas dentro de tres años si es el que el PP aguanta entero su  mandato. Pero precisamente porque los resultados difieren, hay un detalle en estos sondeos que merece la pena tenerse en cuenta.

El resultado que reflejaba el estudio encargado por ‘El País‘ es absolutamente revelador de un enorme cabreo nacional

Cuando a un ciudadano se le pregunta sobre estos temas sin nada inmediato, sin elecciones, ni campañas, ni otra cosa que la cotidianeidad aburrida -en España esa cotidianeidad lleva mucho sin ser aburrida, pero se me entiende- yo estoy seguro que se contesta desde el corazón, desde el impulso primario sin más; luego, cuando debe verdad toca elegir, ya estamos más mediatizados y nos dejamos llevar por otras razones que van desde el miedo al cambio a la necesidad y hasta el deseo que tenemos de creer lo que se nos cuenta. Por eso creo que reflejan mejor el estado ánimo de la ciudadanía estos sondeos sin motivo aparente que los que se puedan hacer próximos a unas elecciones.

Y el resultado que reflejaba el estudio encargado por El País es, en este sentido, absolutamente revelador de un enorme cabreo nacional con los dos grandes partidos de la democracia, una insatisfacción manifiestamente declarada y aclarada donde se rechaza por distintos motivos, lógicamente, la forma de estar en la vida civil tanto del PSOE como del PP. No nos gustan, nos sentimos engañados, traicionados, manejados y, sobre todo, absolutamente lejanos de unas siglas que ya no nos son lo que eran y de unas promesas y de unos planteamientos que ya no nos creemos.

Imagino que el único consuelo que nos queda es que aquí no hay ni payasos -en el sentido estricto- ni una extrema derecha fascista ni una extrema izquierda real al margen de los antisistemas que no son nada por su propia definición. Están UPyD e IU como alternativas no ya arañando votos sino llevándoselos en cubos y los partidos nacionalistas con una parroquia por ahora fiel (aunque convendría que ni PNV ni CiU perdieran de vista la realidad).

Pero son sondeos, claro. Luego, como antes he dicho, cuando ya se empiecen a imprimir las papeletas, las cosas cambian un poco y aunque no es fácil que ni PSOE ni PP obtengan grandes resultados, seguramente no será el despeñamiento que ahora se vaticina. La única posibilidad para el actual Gobierno es aguantar en todo caso el tirón y confiar en Merkel y/o Europa para que de aquí a tres años el panorama haya cambiado. Al PSOE le hace falta un líder y una cierta coherencia tanto por el Sur como por el Noreste. Lo que está claro es que o empiezan a tomarse en serio su propia debilidad o para gobernar España va a haber que hacer encaje de bolillos.

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Andrés Aberasturi

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