viernes, diciembre 9, 2022

La nación al debate

Como si de una advertencia se tratara, los espectadores, es decir, los españoles con televisión, ignoraron la llamada de la parrilla oficial y dieron de lado al debate entre Rajoy y Rubalcaba. El debate ha perdido espectadores con respecto al año 2011, el de la última edición, y ni siquiera se ha situado entre los diez programas más vistos de la jornada. La emisión más importante del día correspondió a Pasapalabra, el veterano programa de Telecinco, cuyo nombre bien hubiera podido ser aplicado al desprecio de los televidentes por la cita política más importante del año.

La distancia crece, y el alejamiento supondrá, antes o después, una quiebra del modelo

El desafecto y desinterés de la ciudadanía por los discursos políticos pone en evidencia la autentica realidad de este encuentro parlamentario: es un juego de florete entre rivales acostumbrados al arte de la esgrima pero ajenos al significado de los términos y conceptos que usan en la opinión pública española. Efectivamente, los españoles, que dieron la espalda al seguimiento del duelo, no establecen una conexión automática entre los usos del lenguaje de los políticos y lo que esos términos suponen en el día a día de los ciudadanos.

El paro, la educación o la salud no son exigencias propias de la sociedad, sino argumentos de confrontación. Por no hablar de la corrupción en cuya dureza se enmascara la falta de sintonía política de los contendientes con los españoles. La distancia crece, y el alejamiento supondrá, antes o después, una quiebra del modelo. La corrupción es un hecho indisociable de la política, pero el protagonismo le corresponde a la justicia que debe obrar con celeridad y diligencia.

El debate del estado de la nación no puede ignorar la putrefacción del sistema, ni mucho menos. De hecho debe abordarlo. Pero esta realidad no puede suplantar la exigencia de buen gobierno, es decir, políticas y propuestas que arreglen la economía, devuelvan la confianza o transmitan seguridad. El gobierno debe actuar y la oposición controlar. Los jueces, y los fiscales, las fuerzas de seguridad y la policía judicial deben actuar más allá de la controversia política y resolver legalmente el estado de la cuestión. Si no se hace así, si que hay, y habrá, una quiebra irresoluble del sistema.

La verdadera oposición se constituye con la consistencia de una propuesta alternativa al conjunto

En ese terreno, el presiente acosado por su situación adversa, resolvió con contundencia la posición que le correspondía: anunciar medidas de control y devolver la política a su estado natural, insistimos, que nos otra cosa que el gobierno de la situación. Pero Rubalcaba, tan acosado por los suyos, y las encuestas, como el presidente por la situación, no fue capaz de articular un discurso que comprometiera el interés de la clase media acuciada por la crisis, los trabajadores vapuleados por ella y la sociedad aquejada de dolorosos cambios de funcionamiento que ponen fin a los felices años de la prosperidad.

La verdadera oposición se constituye con la consistencia de una propuesta alternativa al conjunto, en la que el problema de la corrupción, que la hay y mucha, no difumine la trascendencia de lo que la sociedad demanda: que es que resuelvan sus problemas. Y que los jueces hagan con eficacia y prontitud su trabajo.

Editorial Estrella

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