martes, febrero 7, 2023

El mensajero tiene el mensaje

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La campaña del candidato conservador Mitt Romney, el durmiente de la política presidencial, despertaba finalmente esta semana con un salvaje contrataque al candidato conservador Newt Gingrich, el caballero que contra toda probabilidad amenaza con arrebatar la candidatura Republicana a Romney.

En rueda de prensa el jueves convocada por la campaña de Romney, dos suplentes del ex gobernador de Massachusetts liberaban una andanada contra Gingrich sorprendentemente dura según incluso los estándares cáusticos actuales.

«Que Newt Gingrich, en un esfuerzo por exagerar su importancia, salga y arroje una fórmula inteligente sin otro propósito que hacerle sonar algo más despierto que la cúpula conservadora Republicana», decía el ex jefe de gabinete de la Casa Blanca John H. Sununu, «constituye lo más interesado y anticonservador que puede imaginarse… lo último simplemente dentro de un patrón de acciones desconsideradas que en realidad irritan a los suyos y que hicieron que el 88% de los congresistas Republicanos votaran a favor de abrirle expediente»

«No es un líder solvente ni digno de confianza», decía el ex senador Jim Talent de que Gingrich tilde de propuesta «radical» los presupuestos de la Cámara Republicana. «Dice y hace esa clase de cosas porque no es de confianza como líder».

Interesado. Exagera su importancia. Anti-conservador. Desconsiderado. Indicios de corrupción, de hipocresía, de comportamiento destructivo y extravagante. Son descripciones brutales, y aun así hubo algo de político en el ataque con retraso de Romney a Gingrich. El ataque vertido son términos popularizados por Gingrich en persona en su ascenso a la Cámara hace casi dos décadas.

Hace 15 años, el comité de acción política de Gingrich, con la ayuda del prolífico escritor Republicano Frank Luntz, difundió un memorando ya célebre informando a los candidatos Republicanos de las palabras que deben utilizar para describir a sus rivales. Entre ellas: «anti», «traicionar», «extravagante», «corrupto», «destructivo», «desgracia», «mentira», «patético», «radical», «interesado», «egoísta», «hueco», «bochorno», «enfermizo», «traidores».

«Recuerde que marcar la diferencia ayuda», reza este memorando auspiciado por Gingrich. «Son palabras poderosas que pueden generar un contraste claro y fácilmente comprensible. Aplíquense al rival, a su trayectoria, a sus propuestas y a su formación».

Con ese memorando, y con el estilo virulento de la política que condujo al poder en la Cámara a los Republicanos por primera vez en varias generaciones, Gingrich hizo más que nadie por marcar el tono en Washington. Ahora, a modo de ajuste de cuentas, el acto de salvajismo cierra el círculo y se utiliza en su contra.

Romney y sus delegados — muchos de los cuales formaron parte de la administración con Gingrich en la Cámara — retratan a Gingrich como alguien errático, indigno de confianza, hipócrita, y traidor con amigos y principios. Comparan eso con Romney, «un líder» y defensor de «las reformas» — términos sacados de la nota de Gingrich, obtenidos de muestreos estadísticos a utilizar por los Republicanos a la hora de definirse.

Gingrich ha seguido su propia filosofía con los años, haciendo un arte del insulto. Dijo que los Demócratas crearon «una sociedad enferma» y que eran «el enemigo de los estadounidenses normales». Los líderes legislativos Demócratas eran «enfermizos» y tenían «un ego al estilo de Mussolini» que les inducía «a pasar por encima de los seres humanos y destruir instituciones modestas».

Llamaba a los Clinton «Ultraizquierdistas de la contracultura». Más recientemente, acusaba al Presidente Obama de tener una forma «keniata y anticolonial de ver el mundo» y le llamaba «la amenaza más grave y radical a la América tradicional que ha llegado nunca a la Casa Blanca». Gingrich decía que los centros escolares deben utilizar a los menores como aprendices en lugar de los bedeles «sindicalizados» — frases todas ricas en los «contrastes» que el equipo de Gingrich defendía en 1996.

Kevin Drum, de la página de extrema izquierda Mother Jones, sacaba hace poco a la luz un comentario de Gingrich en 1978 lamentando que «uno de los grandes problemas que hemos sufrido en el Partido Republicano es que no se anima a ser desagradable».

Gracias a Gingrich, esto ha dejado de ser un problema para cualquiera de las formaciones. En elecciones, el desagradable elemental funciona — y ahora está siendo empleado de forma inevitable contra su inventor. El Senador Republicano de Oklahoma Tom Coburn, que estuvo en la Cámara con Gingrich, decía que el ex presidente legislativo es «uno de esos líderes que tienen un rasero para la gente a la que lideran y otro para ellos».

El congresista Republicano de Nueva York Peter King llamaba a Gingrich «demasiado errático», «demasiado centrado en sí mismo» y carente de «la capacidad de controlarse». El ex congresista Republicano de Nueva York Guy Molinari llamaba a Gingrich «el demonio» y «decepcionante» la perspectiva de que llegue a presidente.

Luego vino la videoconferencia auspiciada por Romney.

Gingrich «dice cosas escandalosas inventadas y tiene tendencia a decirlas en el momento idóneo para minar más el programa conservador», informaba el ex senador Talent.

Gingrich «está más preocupado por Newt Gingrich que por los principios conservadores», aportaba Sununu. «El pensamiento improvisado… no es lo que se espera del jefe del ejecutivo».

Todo lo que haces te acaba volviendo. Se llama Newt Gingrich, y ha aprobado este anuncio.

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Dana Milbank

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