sábado, noviembre 26, 2022

Un día después

Ya nos vamos calmando todos. Los vencedores se relajan y empiezan a enfrentarse a la realidad del momento, los compromisos, la responsabilidad que acompaña a una victoria en este momento. Los más votados se aproximan a las cifras con las que se van a encontrar y las risas se tornan rictus serios, medio tapados con unas manos que no saben donde acudir para remediar lo que dicen los papeles. Esas manos que lucharon por convencer en busca del voto se aproximan, ahora, a un rostro preocupado y dubitativo. Empieza la gran aventura que nos prometieron y que deben cumplir. Hay que hacer realidad esa esperanza de la que nos hablaron y de la que nos convencieron. Pero también es el día después para los derrotados. Zapatero deja a España desnuda y al PSOE mutilado. Rubalcaba no lo tenía fácil y no ha sabido sacar al herido del pozo. Ha gastado energía hablando de cosas que nadie entendía. Eligió el enfrentamiento con su oponente, la interpretación del programa popular más que la difusión de sus propuestas, la propaganda en vez del análisis de la realidad y, al final, lo estropeo todo. Quizá ya estaba estropeado desde hace más de un año y nadie se dio cuenta, salvo Rajoy, que no se metió con nadie, ni contestó a las provocaciones. Fue como el gallego de la escalera: “…y luego”. Los dejó hacer y dijo que sus verdaderos enemigos eran el paro, la deuda, la situación económica…….y ahí les ganó las elecciones.

Pero no durante la campaña. Las ganó antes, mucho antes. La victoria empezó cuando Zapatero, que no salió tan indemne como pareció, de aquellos errores previos a las elecciones de 2008, cuando los votantes descubrieron el engaño de aquella crisis que no existía, la que se inventó Rajoy, “antipatriota e interesado”. Entonces empezó a cocerse una victoria que el candidato popular no ha aprovechado suficientemente y que podría haber sido peor para los socialistas. Si el PP hubiera tenido un Rubalcaba en sus filas, con esa capacidad de vender un humo que no tenía, hubiese sido peor y más humillante. Pero no lo tiene, ni lo va a tener.

Así es mejor para España que ha votado con mucha inteligencia. El ganador disfrutará de la mayoría suficiente para gobernar sin tener que dar cuentas a nadie. Podrá hacer lo que necesite sin mirar de reojo el semblante de sus aliados. Todo ello sin la capacidad de abrumar, que podría haber vuelto locos a algunos que no saben administrar las victorias. Porque, como las brujas, haberlos “hailos”. Es cierto que no es el talante de Rajoy pero alguno que otro ya nos enseñó sus modos en aquellas dos legislaturas. Es positivo que se pueda gobernar con el poder necesario pero sin prepotencias.

El perdedor, por su parte, ha recibido el mensaje exacto de sus errores y tendrá que hacer los cambios precisos. La división de la sociedad provocada por Zapatero y sus comportamientos constantes, es peor, quizá, que la gestión de la crisis, que sus recortes y lo de las pensiones. La convivencia se ha deteriorado durante estas dos legislaturas. También ha quedado un mensaje para IU. Lara está muy contento pero un análisis más profundo obliga a una reflexión. La coalición no tiene resultados propios ni votantes fieles. La subida de ahora la condiciona el descenso del PSOE. Pero queda claro que es un voto prestado que volverá al partido socialista una vez que recupere su estatus. Finalmente hay que felicitarse por la distribución del voto y el incremento de un partido con implantación y responsabilidad nacional como UPyD, que podría convertirse en un futuro en la bisagra necesaria sin tener que acudir al apoyo de los nacionalistas, siempre con intereses más locales que desfiguran la política nacional. De las tensiones que anuncian los nacionalistas vascos ya iremos hablando porque, de momento, tienen mala cara. Ya veremos.

El día después nos acerca a la reflexión sin la necesidad que interpretar las estadísticas ni la obligación de levantar la copa de champán.

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Pedro Fernández

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