martes, diciembre 6, 2022

Juan José Padilla

Hoy he visto a Juan José Padilla salir del hospital tras su grave cogida en Zaragoza y se me ha encogido el corazón. Los toreros tienen que tener un gen cambiado para tener esa fuerza mental. No se entiende de otra manera.

Y es que le he visto con la cara quebrada por las secuelas de la muerte. Con un ojo cerrado. Con la boca torcida. Pero con una vergüenza torera que se echa de menos en estos tiempos en los que escasean los valores.

Yo no sé si volverá a torear o no. El dice que sí pero le será muy difícil hacerlo porque el toreo es geometría en movimiento y no es fácil calcularla bien con un solo ojo. Pero da igual. Lo que vale es el corazón. Las ganas. El ejemplo de superación. Intentarlo al menos.

Hoy he visto a Juan José Padilla salir del hospital tan sólo doce días después de que un toro quisiera matarlo por donde les está prohibido. Por arriba. Marrajo. Los toros siempre deben intentar matar a los toreros por abajo. Para que salven la cara. Para que mueran con honor. Por eso hoy también me ha emocionado cuando he visto que Juan José llevaba intactas sus patillas. Como un gesto de desprecio a esa muerte traicionera.

Suerte, matador.

Pinocchio

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