martes, diciembre 6, 2022

Contaminación

Cuando todos estamos pendientes de lo que nos cuentan los partidos políticos de cara a las elecciones generales que como todo el mundo sabe se celebrarán en una fecha inolvidable para quienes hemos vivido la dictadura franquista. Cuando se escuchan las acusaciones de recortes y la propaganda desplegada por los dos grandes partidos.

Cuando media Europa se plantea alternativas arriesgadas en busca de una solución acertada para alejar de nuestra economía una crisis que se está llevando por delante lo mejor del viejo continente. Cuando la palabra más escuchada de los informativos en radio y televisión es Grecia y mercados, aparecen en escena algunos datos que son estremecedores: la contaminación del aire en las grandes ciudades. Madrid es una de ellas pero no la única, por más que algunos se empeñen en restringir la contaminación ambiental a la capital de España.

Los límites en los que estamos inmersos en la economía, la convocatoria de elecciones y el paro parece que alejan otras cuestiones pero no es así. El aire que respiramos es una cuestión trascendental que algunos quieren dejar a un lado en momentos como este, pero no deberían, aunque es difícil centrarse en otras cuestiones.

No hace mucho tiempo, aunque entonces no teníamos que preocuparnos por la deuda ni el déficit, al menos como ahora, con ocasión de una entrevista en la radio, un miembro de Greenpeace me dijo que la batalla contra la contaminación y el deterioro del medio ambiente o lo ganaban ellos o lo perdíamos todos. Y es verdad.

Esta reflexión viene a cuento de los datos sobre la situación del aire en Madrid y otras ciudades españolas.

No se trata de saber si hay más o menos polución en Barcelona, en Sevilla o en la capital de España. Lo realmente importante es no peder de vista una cuestión como el deterioro del entorno natural. Se trata de un problema que nos persigue y que difícilmente nos podemos quitar de encima por la dificultad que entraña reducir la expulsión de gases tóxicos a la atmósfera, mientras sigamos utilizando toda la tecnología que el mercado pone a nuestra disposición y que cada día es más.

Cualquiera de las dos maneras de conseguir energía: el petróleo y las centrales nucleares contaminan lo suficiente como para ser rechazadas. Los efectos se detectan todos los días por culpa de los coches, sin contar la puesta en marcha de las calefacciones que está a la vuelta de la esquina.

Ese es otro de los puntos calientes que tenemos sobre la mesa los hombres de principios de siglo: ¿qué hacer con la energía?. Claro que siempre nos queda una duda: se investiga lo suficiente para que un día, más pronto que tarde, las alternativas lo sean de verdad. Y otra cosa. No sería conveniente preguntar a la opinión pública aquello de pagar más por la luz, por ejemplo, pero a cambio contaminar menos.

Ya veremos. De momentos seguimos con la vista puesta en la crisis y en el 20 de Noviembre.

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Pedro Fernández

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