sábado, diciembre 3, 2022

Los dos Rubalcabas

Alfredo Pérez Rubalcaba ha comprendido que no podía seguir siendo dos, y se ha quedado en uno. Sin embargo, todos somos, como mínimo, dos. El rácano y el desprendido, el generoso y el egoísta, el loco y el cuerdo, el conservador y el revolucionario, el taciturno y el jovial, el ángel y el demonio, habitan en cada uno de nosotros, pero en política se ve que uno tiene que quedarse en la mitad para parecer uno. Así las cosas, el ya candidato oficial del PSOE se ha despojado, siquiera en apariencia o en intención, de ese Rubalcaba cómplice del brutal entreguismo de la política al dinero, a «los mercados», que ha ejecutado el gobierno del que ha sido vicepresidente, para quedarse sólo con ese otro que, por conservar algo del decoro moral que habría de exigírseles a los políticos, promete cambiar de bando y aliarse con las víctimas de esta Revolución de los Ricos que ha miserabilizado la Nación y a buena parte de quienes la habitan.

Pero de un hombre inteligente, y Rubalcaba lo es, no cabe esperar que se engañe a sí mismo. Sí, desde luego, que trate de engañar a los demás, pero no a sí mismo. Zapatero se engañaba, pero en el caso de este químico que le ha echado la suficiente imaginación como para dedicarse a la rara alquimia de la política, es muy probable que no sólo no se engañe, sino que tampoco pretenda engañar a los demás: la mitad de él que traicionó al electorado de izquierda cual suele hacer el PSOE siempre que gobierna, se queda pegada, viene a decir, al asa de la cartera ministerial, en tanto que la otra, liberada, escindida, es la que presenta para meter en cintura a los bancos, para recuperar para el Estado el control del suelo nacional o para emprender el combate a vida o muerte contra la corrupción que necrosa, de arriba a abajo, el tejido político y social. ¿Se puede amar a dos mujeres a la vez y no estar loco? Sí: siendo dos.

 Rubalcaba es dos, y ojalá éste que asume el reto descomunal de que el electorado se olvide del otro, sea tan eficaz como ese otro precisamente. Cosas más raras se han visto. Sobre todo, aquí.

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Rafael Torres

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