domingo, abril 14, 2024
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Encontramos al acusado: de los nervios

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Cuando fue llevado ante la justicia, Rod Blagojevich citó a Kipling. Tras su destitución, citó a Tennyson. Y el lunes, la jornada en la que fue declarado culpable de 17 cargos por corrupción, el ex gobernador de Illinois se puso a citar a Elvis.

«Mis manos tiemblan y mis rodillas fallan», declaró a la prensa al abandonar su domicilio camino de la audiencia para escuchar el fallo. «Me parece que no puedo tenerme en pie».

Por suerte, Blago no tuvo que tenerse mucho. Su mujer, su famoso tupé de Elvis y él se metieron en un todoterreno de lujo y se marcharon a la audicencia federal.

Dentro del edificio, las Blagochorradas proseguían. Se quitó el cinturón para atravesar el arco de seguridad llevándolo en la mano. Dirigió una rápida sucesión de señas – mano abierta, pulgares, la O con el índice y el pulgar y pulgares arriba otra vez – como trasladando un mensaje de socorro en clave.

Pero nadie acudió.

El jurado encontró al acusado culpable de cada uno de los 11 cargos presentados por su intento de subastar el escaño de Barack Obama en el Senado.

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Le encontraron culpable de los tres cargos de extorsión a un responsable de hipódromos.

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Blago estaba de los nervios. Según Associated Press, se dirigió a su defensa y preguntó: «¿Qué ha pasado?»

Ahora el avariento gobernador se enfrenta a una pena de hasta 300 años de cárcel – más que la esperanza de vida de Kipling, Tennyson y Elvis juntos. Se diría que es el final del legislador Demócrata caído en desgracia cuyo principal servicio la nación ha consistido en entretener al país durante casi tres años.

Hubo grabaciones llenas de tacos y transcripciones de conversaciones suyas tratando de asegurarse de que el solicitado escaño en el Senado que había ocupado Obama no era ocupado a cambio de nada. Tuvimos el nombramiento de un desconocido y excéntrico Roland Burris para cubrir el escaño, tras considerar brevemente a la presentadora Oprah.

Hubo reality show: una infructuosa apuesta en el programa «El Aprendiz de Famoso» a su nombre y una temporada para su mujer (cuya salada húmeda rivaliza con la de su marido) en «Voy a ser famoso… que me saquen de aquí», que incluyó el consumo de una tarántula muerta. Hubo ruedas de prensa ambulantes y visitas a todo plató de televisión de «Today» a «The View». Hubo comparaciones de él con Gary Cooper, con Jimmy Stewart, con Nelson Mandela, con el reverendo Martin Luther King Jr. y con Gandhi.

Estuvo su relevo, el juicio y la apelación y, por supuesto, la cita al «y si» del escritor Rudyard Kipling.

Si puedes mantener la cabeza alta/ cuando todos a tu alrededor la pierden culpándote a ti/ Si puedes confiar en ti mismo cuando todos dudan de ti/ ten en cuenta también sus dudas.

Hacia el lunes, Blago había prescindido de su prójimo. «Está en manos de Dios,» dijo a los periodistas. «Rezo y desde luego espero lo mejor».

En los exteriores de las 25 plantas del juzgado, Stacy St. Clair, del Chicago Tribune, espiaba a la defensa haciendo una ronda final de preguntas a la entrada y saludando a la gente que hacía cola para escuchar el fallo. Él mandó un beso a su mujer y permaneció en pie, sin expresión, para escuchar al jurado. Patti Blagojevich negaba con la cabeza y se desplomaba cuando se daba lectura a la sentencia de culpabilidad; Rod Blagojevich musitaba un «Te quiero» hacia ella.

Leído el fallo, era momento de lo que normalmente es el acto principal: la Blago rueda de prensa. ¿Citaría el párrafo de Tennyson de «corazones heroicos» otra vez, u otro pasaje de Alan Sillitoe?

Por una vez, al gobernador caído en desgracia le fallaban las palabras. «Bueno, entre las muchas lecciones que he aprendido de toda esta experiencia está que hay que tratar de hablar un poco menos, así que no voy a extenderme mucho», decía. «Patti y yo estamos evidentemente decepcionados con el resultado, y yo, francamente, estoy sorprendido. No hay mucho más que decir, aparte de que queremos llegar a casa a ver a nuestras niñas, y hablar con ellas, y explicarles cosas, y luego tratar de aclarar dudas».

Para aquellos que se enfrentan a la inminente desaparición de Blagojevich, el político caído en desgracia se marchó con un comentario final. «Estoy seguro de que nos volveremos a ver otra vez», dijo.

Gracias, Blago. Eso sería una pasada.

Estrella Digital respeta y promueve la libertad de prensa y de expresión. Las opiniones de los columnistas son libres y propias y no tienen que ser necesariamente compartidas por la línea editorial del periódico.

Dana Milbank

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