martes, febrero 7, 2023

Un partido autista

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Desde 1977 en que el PSOE emergió de las urnas como fuerza hegemónica de la izquierda, hasta convertirse en casi su único referente, «la casa común», tras la neutralización de Anguita, han pasado 34 años en que sus esenciales bases de poder han permanecido intocables. Hasta el 22-M.

El impacto del terremoto que ha sacudido sus cimientos es de tal magnitud y la sacudida tan destructiva que un mes después parecen incapaces incluso de comprender lo sucedido. La pérdida de Extremadura, el único mueble que podía salvarse del naufragio tras haber sido desalojados del poder en decenas de ayuntamientos y  diputaciones, amén de las comunidades de Castilla-La Mancha, Baleares, Cantabria, Asturias y Aragón, que se añaden a Cataluña y Galicia (solo les queda y de esta manera y a la espera de una próxima urna Andalucía y Euskadi), suponen para un partido en buena parte configurado como partido de poder enfrentarse a una situación desconocida e impensable. Un panorama al que parecen incapaces de dar respuesta alguna.

Ellos, y nosotros, hemos conocido siempre en democracia a un PSOE poderoso, con bases firmes y feudos en lo que aguantar incluso en sus contadas derrotas. Hoy ese escenario comienza a estar en más que serio peligro agravado aún más por un liderazgo descabezado y cataléptico, el de Zapatero y su grupo de afines, sumido hoy en el desconcierto más absoluto. La solución del viejo Rubalcaba como piloto del naufragio mientras ellos prosiguen en los puestos de privilegio del barco lejos de resolver nada aumentará crecientemente la deriva hacía los acantilados.

Resulta delirante en medio de la irresponsabilidad (nadie asume la paternidad de la derrota y los derrotados, que son todos, hacen piña para hurtarse cada cual de la suya), el arrimón con ciertos tintes babosos que ahora pretenden al 15-M y las jóvenes movilizaciones de los llamados «indignados». Con ello no hacen sino jalear la profundización de su propia tumba política. Consideran que al no ser directamente señalados y que se eleve el tiro hacia «el Sistema» les ofrece un cierto respiro. Y puede que así sea en lo inmediato pero que el efecto sea letal en el futuro.

Los manifestantes de este domingo, que han sabido limpiarse de ribetes violentos, forman parte en su totalidad de lo que puede encuadrarse en el sentimiento de «izquierda». No veo ahí por ningún sitio votantes del PP. Y lo que no parece entender el PSOE en su desvarío es que lo que están haciendo es alejarse escaldados de ellos. Lo que no parece entender el PSOE es que a la desaparición de sus bases de poder puede ahora puede sumarse una acelerada  dispersión de su voto que ya ha comenzado a aflorar en los pasados comicios.

Donde puedan ir los del 15-M si es que optan por alguna sigla o hasta se deciden a plantear una alternativa propia es hoy una incógnita. No debiera serlo que es un delirio por parte del PSOE entenderlos como presunto «caladero» -tan sólo porque rechazan más a la derecha que a ellos- cuando en realidad suponen su mayor peligro.  Pero hay ya otras dos formaciones que se han despegado de la sumisión al «hermano mayor». Lo de IU ha sido esclarecedor. Y no lo han consumado sus dirigentes (tanto el desacreditado y sumiso Llamazares como Cayo Lara han intentado frenarlo) sino sus bases y militantes. Se han sacudido el dogal, aunque está por ver si no volverán a meter el cuello. Ojo también a UPyD, quien sin complejo alguno ha superado su primer trance postelectoral preservando señas de identidad sin plegarse a nadie ni trocar principios por sillones. A ellos habrá de unirse el partido ecologista de incierta capacidad de atracción, pero lo que atraiga no se lo restará a los «populares», desde luego.

Pues bien, en medio de este panorama, el Gobierno, el PSOE y su cúpula permanecen inanes, presas de un absoluto autismo en cuanto a la percepción de la realidad. Parecen aislados de lo que fuera sucede, pero ahora también ser inconscientes de lo que les está sucediendo por dentro.

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Antonio Pérez Henares

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