jueves, diciembre 1, 2022

Se van los indignados

Después de casi un mes de ocupar las plazas de España, los indignados se van. Lo hacen después de haber increpado a los cargos elegidos democráticamente por millones de ciudadanos, de interrumpir tomas de posesión y hasta de perseguir a ediles elegidos por un número de ciudadanos mucho más numeroso que todos los acampados juntos. No he visto ni una sola referencia a la presencia de los indignados en los ayuntamientos que desde el sábado gobierna Bildu. Allí, los «indignados» eran los proetarras que zarandearon e insultaron a algún edil «españolista» en lugar de todos los ciudadanos de bien. Tampoco les he visto con las víctimas, que son el movimiento de indignados más antiguo, más firme y más legítimo que conozco. ¿Son los mismos indignados?

Se van los indignados después de haber causado daños importantes a muchos ciudadanos, como los comerciantes de la Puerta del Sol madrileña. Lo hacen después de haberse organizado mediante asambleas, con escaso éxito. Lo hacen después de que muchos abandonaran las concentraciones y dejaran su lugar a personas con otros objetivos. Lo hacen sin que los responsables del orden público hayan actuado. ¿Lo harán en otros casos futuros? Lo hacen sin haber puesto sobre la mesa ningún acuerdo, sin ningún compromiso de futuro. Stéphane Hessel en su librito «Indignaos» pide a los ciudadanos dos cosas: «la facultad de indignación y el compromiso que la sigue».     

Conozco a muchos indignados que no han estado en las plazas. Soy uno de los indignados con la actuación estos años de los políticos, de muchos políticos, y de la práctica totalidad de los partidos políticos que han impedido por todos los medios que la sociedad civil tuviera cauces de organización y de movilización. Lo he escrito y denunciado siempre que he podido. Hay motivos, millones de motivos. Como dice Hessel, la inmensa distancia que existe entre ricos y pobres, no sólo en el tercer mundo, también en España, no hace sino aumentar. Como dice Hessel, no se puede renunciar a la defensa de los derechos humanos. «A los jóvenes les digo: mirad a vuestro alrededor, encontraréis los hechos que justifiquen vuestra indignación -el trato a los inmigrantes, a los sin papeles, a los gitanos-. Encontraréis situaciones concretas que os llevarán a emprender una acción ciudadana fuerte. ¡Buscad y encontraréis!»

Conozco a muchos abogados jóvenes indignados que se dejan la piel por los inmigrantes y los sin papeles, por los que no tienen ni derechos. Conozco a médicos indignados que ofrecen su conocimiento a los desheredados de la fortuna. Conozco a muchos jóvenes que han volcado a través de las ONGs su apoyo a los más débiles. Conozco a muchos sacerdotes y muchos seglares católicos que se ocupan de los desheredados, de los enfermos, de los presos, de los más pobres, de los que nadie quiere. Todos ellos están indignados… y comprometidos. Dentro de unos meses, ¿qué quedará del Movimiento del 15-M: el recuerdo de la indignación o algún compromiso?

Francisco Muro de Iscar

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