miércoles, diciembre 7, 2022

Cuando hace falta algo que tape

Puede haber 8 millones de noticias en la ciudad que salta a la vista, pero pocas son tan atractivas visualmente como la de Aaron Schock.

El congresista Republicano de Illinois en su segunda legislatura posa en gayumbos para un desplegable fotográfico del último número de la revista Men’s Health, explicando a Matt Lauer, del programa «Today», que desnudarse para la revista como «El Congresista Trabajado» destaca la forma en que «las decisiones individuales» – como machacarse la tableta en el gimnasio – pueden rebajar de forma drástica el gasto sanitario.

Esto no sentó bien en Peoria, donde el secretario Republicano del condado decía a Fox News que el congresista local debió haber hecho gala de «mayor decoro».

Yo discrepo. De hecho, espero que Schock haya creado escuela.

El secretario del Comité de Economía del Senado Max Baucus puede posar sin camiseta en la revista Forbes para ilustrar su dedicación a la administración pública frugal. Ron Paul puede aparecer en cueros en el American Banker como prueba de su determinación a la hora de privar de sus competencias a la Reserva.

El Senador Pat Leahy, de Vermont, puede dar calores a su electorado desnudándose en Hoard’s Dairyman, y el presidente de la Cámara John Boehner puede dialogar con aliados compartiendo su torso bronceado con los lectores del Cigar Aficionado o de Wine Enthusiast.

Michele Bachmann, que ha tenido algunas meteduras de pata sonadas a propósito de los artífices de la Constitución, sería la candidata natural a aparecer au naturel en Real Simple. Y para ilustrar los efectos del calentamiento global, la Senadora Bárbara Boxer podría quitarse la ropa en el National Geographic.

VALE, tal vez no sea tan buena idea.

Hay quien dice que estoy celoso de los 29 años de Schock y de su cuerpo perfectamente esculpido. A esos, yo les digo: No os falta razón. Como Schock, yo tengo tableta, pero la mía es cervecera. (American Brewer Magazine: tengo hueco para el número de junio).

Hasta descontando mi envidia por Schock, no obstante, hay algo desconcertante en que el congresista se ponga de carnaza. Hubo un tiempo en el que los legisladores se enorgullecían de la materia gris. Pero a medida que Washington importa de Los Ángeles y Nueva York la cultura de la adoración al famoseo, el estamento político tiene más que ver con el músculo.

En el Senado está Scott Brown, el póster central del Cosmopolitan. En la Cámara, el entonces legislador Chris Lee pensaba tanto en sus deltoides que el congresista casado utilizó una fotografía sin camisa para atraer a una mujer de Craigslist a principios de este año. Al otro lado del hemiciclo, la congresista Mary Bono Mack se unió a la diversión a principios de este año cuando el portal de famosos Radar Online publicó la fotografía de una fiesta que mostraba a una donante de campaña chupando aparentemente lo que Radar dice que era el pecho parcialmente desnudo de la congresista.

Luego está el grupo de legisladores varones – Schock, Paul Ryan, Jeff Flake, Eric Cantor y Heath Shuler entre otros – que han logrado publicar artículos acerca de su rutina de ejercicios colectiva en The Washington Post, The Wall Street Journal y varios medios más. El gabinete del californiano Kevin McCarthy, coordinador Republicano de la Cámara, llegó a difundir una fotografía suya posando con el inventor del sistema de ejercicios P90X Tony Horton (ambos vestidos, gracias a Dios).

Ryan celebraba el programa de ejercicio P90X durante una entrevista grabada con el Politico. «Soy el típico aficionado al entrenamiento», explicaba Ryan. «En realidad fui entrenador físico». Ryan, que presumía de que «mantengo mi cuerpo entre el seis y el 8% de grasa», decía que su rutina favorita se basa en la «confusión muscular».

Pero lo que pasa aquí es un tipo diferente de «confusión muscular» – la confusión de que un legislador ha de tener más de Adonis que de Pericles.

Los Presidentes Kennedy, Ford y Reagan no salieron mal parados de la fotografía puntual en la piscina o la playa, y Sarah Palin no salió perjudicada de una fotografía universitaria vistiendo una camiseta que rezaba «Puedo estar sin blanca pero no estoy plana». Pero la reacción adecuada – vista cuando los paparazzo sorprenden a Bill y Hillary Clinton o a Barack Obama en la playa – es enfado y vergüenza. Se supone que la carne de un político es privada — como cuando un desnudo Rahm Emanuel echó una bronca presuntamente al congresista Eric Massa (que dimitió a causa de sus «empujones») en las duchas del gimnasio de la Cámara.

Pero ahora tenemos a Schock desnudándose para la portada del Men’s Health (en el mismo lugar en que apareció Obama hace un par de años, de traje y corbata).

«Cuando entra en el estudio de Nueva York para la sesión del reportaje», se deshace en halagos la publicación, «va vestido de Zegna riguroso ajustado y una camisa de corte atlético que deja entrever su musculatura y su sentido de la moda».

Bonitos trapos. Lástima que tuviera que quitárselos.

Dana Milbank

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