lunes, febrero 6, 2023

Se levanta la veda de posibles en Iowa

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Este estado, a 10 meses de celebrar sus comités regionales, es un fértil, liso y receptivo páramo político.

Los candidatos Republicanos que acabaron primero y segundo la última vez, Mike Huckabee y Mitt Romney, brillan notablemente por su ausencia. Los incondicionales de Huckabee se están organizando con vistas a otra campaña. Pero Huckabee informa a sus partidarios de Iowa de que está genuinamente indeciso con la idea de armar una campaña local. Los incondicionales de Romney, en contraste, son más raros que un Starbucks en Ottumwa. Romney salió tan quemado del comité regional de 2008, gastando cantidades masivas y vergonzosas por voto, que se niega a alimentar las actuales expectativas. 

El resultado es una atmósfera en la que 10 candidatos al menos se presentan alternativamente al examen del ojo veterano, igual que ganado en la feria estatal. Desde principios de los 90, la principal audiencia Republicana ha sido religiosa y conservadora, lo que explica el duradero atractivo de Huckabee. Y los conservadores religiosos se han sentido irritados recientemente a consecuencia de un agrio debate local en torno al matrimonio homosexual. Además, Iowa tiene un movimiento fiscal rebelde, franco y fracturado de tamaño indeterminado. Pero pocos esperan que cierre filas en torno a un único candidato tan al principio de la campaña.

En ausencia de Huckabee, dos aspirantes empiezan a restarle apoyo poco a poco. Los conservadores religiosos más curtidos flirtean con Michele Bachmann, que está poniendo trabas al resto de candidatos de la derecha. Los conservadores religiosos de orientación más aperturista, y más preocupados por elegir candidatos que puedan salir elegidos, se ven atraídos hacia Tim Pawlenty, que está haciendo frecuentes escalas, trabajando duro, contratando gente y presentando una candidatura tradicional. Pero todavía tiene que arrancar un compromiso apasionado. «Está en la lista de todo el mundo», dice un activista Republicano, «pero él es el número dos de todo el mundo».

Un segundo elenco de Republicanos intuye debilidad entre los primeros espadas. Newt Gingrich es percibido el líder brillante tras la formación, pero trae bagaje personal y político. Herman Cain tiene cierto atractivo fiscal de rebote. Haley Barbour se desliza de un lugar a otro sobre una gruesa capa de encanto sureño. Rick Santorum es considerado un serio engorro, sobre todo si no se presenta Bachmann. Sarah Palin es invisible en el estado y pasa desapercibida casi por completo.

Los activistas de Iowa hablan de otra posible vía a la victoria. Además del electorado tradicional de los participantes en los comités, 120.000 la última campaña, hay alrededor de 100.000 residentes de Iowa más que participan en las primarias Republicanas. Los funcionarios del partido los describen como conservadores de la Cámara de Comercio, banqueros, ejecutivos de aseguradoras y similares. Se pueden sentir atraídos por un líder fuerte, hasta con cuestionables credenciales social conservadoras. Ciertos conservadores religiosos se enmarcarían sorprendentemente dentro de esta categoría. «Este proceso no es un concurso bíblico», me dice uno.

De manera que los Republicanos de Iowa hablan con nostalgia de Chris Christie, que siempre parece estar dispuesto para un combate productivo. Mitch Daniels podría tener alguna oportunidad si se baja de la grada política, aunque los social conservadores aún están dolidos por su «tregua» propuesta para las guerras ideológicas. Y luego está Donald Trump, que está causando estragos por todo el estado. Trump está movilizando a los activistas religiosos de Iowa, avanzando de forma voluntaria una explicación a su colorista vida personal. Tras el final de su concurso televisivo el 22 mayo, tiene previsto dirigirse al acto de recaudación del Partido Republicano de Iowa, que será ya más multitudinario que cualquiera de los que lo precedieron. Hay quien especula con que Trump anunciará su candidatura a presidente en el acto del 10 de junio. GQ e «Inside Edition» han pedido acreditación. Hay una delgada línea, sin embargo, entre espectáculo y circo. Y parece ser sólo cuestión de tiempo que la candidatura de Trump ceda al peso de su absurdo.

Podría ser posible que el candidato de floración tardía se lleve Iowa de calle. Pero el reto logístico de lograr que decenas de miles de votantes dediquen de 60 a 90 minutos a un comité al raso está presente hasta para los candidatos que son famosos. Y los precedentes son alarmantes. La última vez, Fred Thompson llegó de forma dramática, luego apareció en la Feria Estatal de Iowa con loafers de Gucci montado en un cochecito de golf. El sector de Iowa que rechaza los partidos tradicionales se sintió debidamente ofendido y la burbuja de Thompson reventaba a las 48 horas.

Los comités de Iowa constituyen una prueba de fuego, no sólo de ideología, sino de formas. Los activistas aún hablan de la cercanía de George W. Bush y de la limusina negra y el agresivo personal en torno a Rudy Giuliani. La amabilidad de Iowa puede convertirse en un criterio inflexible para aquellos que carecen de ella.

La influencia política de este estado, catapulta de quizá 40.000 electores, parece desproporcionada. Pero el rasero que aplican generalmente, autenticidad, organización y cercanía, en la misma medida que ideología, es alto. Un gran poder hay que dejarlo en buenas manos.

Michael Gerson

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