sábado, diciembre 10, 2022

Elecciones generales en otoño

Tras la renuncia de José Luís Rodríguez Zapatero a ser el candidato socialista a la Presidencia del Gobierno en las elecciones generales de 2012, el PSOE -y España de rebote- ha entrado en una situación cercana al caos político y, según van pasando las horas, ese desconcierto va apoderándose de casi todo. Porque Zapatero se va a ir pero aún no se ha ido. No dimite pero su renuncia condiciona su mandato. Es Presidente pero no va a serlo en el futuro. Y todo eso en política es muy complicado de compaginar. Sobre todo en tiempos de vacas flacas.

Es posible que el Presidente, viendo la situación tan complicada en la que vive España, haya decidido hacerse el harakiri político. Este país necesita reformas muy complicadas e impopulares para poder salir de la crisis y es probable que ZP llegase a pensar que, si las tomaba sin estar en medio del escenario político, se inmolaría él sólo y salvaría a su partido.

Y es creíble también que Zapatero, envuelto en ese halo de buenismo invade todo su gestión política, llegase a pensar que, con su renuncia a ser candidato en 2012, desviaría la atención de una realidad tremenda que sacude a España y que, por lo tanto, salvaría lo todavía salvable de las elecciones del 22 de mayo.

Pero la realidad que se empieza a vislumbrar es una situación kafkiana. Un laberinto del que será muy difícil salir. A corto plazo, puede que haya conseguido detener la sangría de votos de unas elecciones que se habían convertido en un plebiscito pero, a medio plazo, la situación se le irá de las manos porque, tras dejar de ser el candidato ha dejado de dominar el partido. Y los miembros de ese partido ya están tomando posiciones de cara al futuro poder. Zapatero ya es pasado y ni siquiera hará las listas de las generales, cosa muy importante en los partidos políticos.

Una situación, por cierto, difícil que afectará también al Gobierno de España ya que en el Congreso de los Diputados, aparte de los problemas internos que aparecerán en el Grupo Socialista, al Presidente le costará sacar adelante sus proyectos de ley porque ya no tiene nada que ofrecer a los nacionalistas. Y, sin ellos, no es nada.

Zapatero, con su decisión, ha liado tanto la madeja política de este país que ya no cabe más solución que esperar a que convoque elecciones generales para después del verano. El hecho de que Mariano Rajoy las pida en este momento no es más que una medida de presión política. Ahora no se pueden convocar legalmente y el líder del PP lo sabe. Pero sí es bueno que vaya calentando esa posibilidad para el otoño. Es lo mejor que puede hacer en este instante. Es necesario que, para después del verano, su mensaje haya calado en la opinión pública y ésta exija un adelanto de la convocatoria.

No merece la pena presentar una moción de censura, como piden algunas voces. Incluso, dentro del propio PP. Sólo serviría para provocar a una izquierda dormida y eso iría en contra de la política de Rajoy a lo largo de esta legislatura. Sobre todo si se piensa, además, que Zapatero, con su decisión, le ha dado una patada al avispero socialista.

Editorial Estrella

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