viernes, diciembre 9, 2022

Un portavoz que no tiene nada que decir

Han corrido peores tiempos para estrenar un puesto en Washington. Cuando Abraham Lincoln llegó a la capital hace 150 años, por ejemplo, el Sur ya se había escindido.

Jay Carney, el nuevo portavoz de la Casa Blanca, no tenía nada tan grave que contar cuando subió al estrado de la sala de prensa la pasada semana. Pero el Presidente Obama ha puesto a su nuevo portavoz en una posición nada envidiable: Él es la cara de una administración que no tiene casi nada que contar.

Oriente Próximo y el norte de África sufren estallidos de violencia. Se avecina la clausura de la actividad de la administración federal por falta de fondos. Los gobiernos estatales se han visto alterados por multitudinarias manifestaciones. Y aún así, la Casa Blanca se muestra inexplicablemente pasiva.

Ed Henry, de la CNN, preguntaba el motivo de que Obama haya tardado tanto tiempo en pronunciarse acerca de la violencia en Libia. «El presidente difunde circulares a veces», explicaba Carney.

Marl Smith, de AP Radio, señalaba que «desde que empezó su rueda de prensa, el barril de crudo West Texas ha superado los 100 dólares. ¿Es solamente una cuestión de quedarse mirando, o hay algo que el gobierno estadounidense pueda hacer?»

Carney optaba por lo primero. «No quiero especular en torno a la subida de los precios, ni a ninguna otra cuestión potencial del futuro», respondía. «Simplemente seguimos la cuestión de cerca».

Ann Compton, de la ABC, preguntaba si los desencuentros presupuestarios estatales se convertirían en un fenómeno nacional. «No voy a especular acerca de las opiniones del Presidente ni de las mías en relación al sentido de este debate», decía el secretario de prensa.

Carney hasta retrataba como un gesto pasivo el anuncio por parte de la administración de que ya no defenderá en los tribunales la Ley de Defensa del Matrimonio. «La administración no tiene otra elección», decía. «Tiene un plazo marcado por los tribunales para tomar esta decisión».

La pasividad no es culpa del nuevo portavoz. Él simplemente tiene la incómoda tarea de articular una política coherente en ausencia de cualquiera. El problema se puso en evidencia sobre todo a tenor del levantamiento libio, que el Presidente ha gestionado con la indiferencia de un observador impotente.

Finalmente, después de pasar días hablando públicamente de Libia, Obama compareció ante las cámaras la tarde del miércoles. La declaración del presidente fue admirablemente firme en su denuncia de los actos «escandalosos» e «inaceptables» de violencia contra su población por parte del régimen libio. Y repetía la fórmula de una declaración escrita anterior acerca de «los derechos universales» del pueblo libio a la libertad de reunión.

Pero cuando llegó el momento de articular la política estadounidense en la región, el Presidente volvía a mostrarse vago. Dijo haber pedido a sus asesores que «preparen el abanico entero de opciones que tenemos para responder a esta crisis». Decía seguir determinando «la forma en que la comunidad internacional puede apoyar con mayor eficacia la transición pacífica a la democracia tanto en Túnez como en Egipto». Ignoraba la pregunta de un periodista relativa a las medidas que iba a adoptar a propósito de Libia.

Esa falta de claridad probablemente significa que su portavoz puede esperar más preguntas de las recibidas durante la rueda de prensa del miércoles.

Jake Tapper, de la ABC, preguntaba si Carney podía «elaborar una política que tenga la administración Obama para esta arrolladora ola de protestas». Carney ofreció unas cuantas vaguedades sobre «los derechos universales de la ciudadanía» y cosas así.

Tapper apuntaba que son principios, no políticas. «¿Es justo llamar a esto política, tal como se formula, improvisada o sobre la marcha?» preguntaba Tapper. El secretario de prensa no creyó que fuera justo — pero tuvo dificultades para convencer a la prensa acreditada.

«Si hay un conjunto claro de principios, ¿por qué el presidente ha elegido no enunciarlos en público hace ya varios días?» preguntaba Ed Henry, de CNN.

«¿Entonces es justo decir que estamos en mitad de, más o menos, cambiando, remodelando nuestra política en Oriente Próximo?» preguntaba Chuck Todd, de la NBC.

Carney retrocedía para hablar más de principios intemporales. Y eso es lo mejor que puede dar — hasta que el presidente elabore una política que él pueda trasladar.

Dana Milbank

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