jueves, diciembre 1, 2022

La devaluación interna y Zp como pretexto

No me malinterpreten. No dudo un ápice sobre la conveniencia de que nuestro amado Presidente deje de sacrificarse por nosotros y se retire a una vida más tranquila, de conferencias sobre la tierra y el viento, de carreras etéreas por las playas y los parques y de juegos florales sobre la alianza de civilizaciones. Simplemente quiero recordar que la marcha de ZP eliminará la última trinchera que nos hemos construido para mantener la añoranza del pasado y la esperanza del regreso hacia lo que fuimos, como sustitutivos de la cruda aceptación del presente y la asunción de la oscuridad que el futuro proyecta hacia nosotros ¿Qué planes tenemos para el día que el timonel de León nos abandone?

La respuesta la han venido formulando diferentes personas en España y en el extranjero desde que en 2008 empezaron a resquebrajarse los pies de barro del “gigante” económico español. Pero probablemente la formulación más clara del diagnóstico y del tratamiento que nuestro país precisa vino de la mano del Nobel de economía Paul Krugman, que como muchos liberales sectarios de la costa este de los Estados Unidos habla con una precisión considerablemente mayor cuando se refiere a Europa que a su propio país de residencia. El columnista del New York Times constató que la crisis financiera y económica hizo caer un modelo económico fuertemente anclado en sectores con escasa productividad y valor añadido. En dichas circunstancias, ante la imposibilidad de sostener un ritmo de vida, en lo público y en lo privado, más ligado a la capacidad de endeudamiento que a la renta generada por la actividad económica, se produjo el drástico frenazo en el crecimiento que se tradujo, entre otras cosas, en las insoportables cifras de desempleo que nos hacen liderar la oprobiosa lista del paro en Europa. Con este panorama, inmersos como estamos en una unidad monetaria, en apariencia quedamos a salvo del desastre. Pero al igual que la dolarización de los países iberoamericanos en los ochenta no equiparaba sus economías a la norteamericana, el euro no convierte a España en Alemania. Y ante la imposibilidad de devaluar nuestra moneda, solo nos queda, como indicaba Krugman hace más de un año, devaluar nuestra economía. Hacernos todos más pobres. Reducir salarios, rentas y beneficios, reducir precios y ajustar las dimensiones de nuestra economía a las posibilidades reales de nuestro sistema productivo. En puridad no seremos más pobres entonces, sino que simplemente habremos reconocido que lo somos hace tiempo. A partir de ahí, si es posible, crecer, apostando por los factores que ofrecerán posibilidades de ventajas competitivas consolidadas (formación, desarrollo tecnológico, innovación, flexibilidad…).

Lo que no tiene sentido es permanecer en lo alto de una colina, varados en un fastuoso yate que hemos construido pero no hemos terminado de pagar, con la esperanza de que las aguas terminen por subir su nivel y alcancen la línea que nos ponga de nuevo a flote. Hay que convertir nuestro barco en tablones, intentar pagar las deudas, descender al nivel donde se encuentran las aguas, construir embarcaciones más modestas pero a la vez más eficientes y empezar a navegar de nuevo. Podemos seguir esperando a que ZP se vaya, pero con eso solo estaremos retrasando la decisión. Al día de hoy, el Presidente no nos debe servir ni como pretexto. Asumámoslo, cuanto antes mejor.

Juan Carlos Olarra

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