domingo, diciembre 4, 2022

Un sueño postergado

Siendo becario del Senado hace más de una década, los Republicanos descubrieron por casualidad una táctica para impulsar la libre elección del centro escolar. No dejaron de reducir los requisitos de acceso para cubrir a las familias progresivamente más pobres con hijos exclusivamente en los centros escolares de resultados espectacularmente peores, desafiando a los Demócratas a votar en contra del grupo estudiantil con más simpatías. Recuerdo a un senador de izquierdas decir con exasperación, «Algún día vais a hacer esto imposible de rebatir».

La estrategia no dio lugar a ninguna ley. Pero fue clarificador. Demostró que la mayoría de los Demócratas optarán por la ideología, y por la reputación entre los sindicatos de profesores, antes que por los intereses de los niños más necesitados.

La ley DREAM ante el Congreso es similarmente clarificadora. La legislación crea una vía a la regularización de los inmigrantes ilegales llegados a Estados Unidos siendo menores. Los aspirantes tienen que haberse licenciado en alguna institución o ser poseedores de algún grado convalidable. Se les reconocería una regularización temporal durante seis años, en los que tienen que finalizar dos años de educación superior o alistarse en el ejército durante dos años al menos. Si no cumplen los requisitos — o cometen algún delito (aparte de los delitos menores no relacionados con estupefacientes) — pierden su regularización y pueden ser deportados. Si tienen éxito, accederían a una tarjeta verde y podrían solicitar la ciudadanía.

Sería difícil definir un colectivo de estadounidenses potenciales que despierte más simpatías. Tienen que demostrar que respetan la ley y que buscan un futuro mejor a través de la educación. Hay quien aspira a defender el país al que esperan unirse. El Departamento de Defensa apoya la DREAM como fuente de reclutas de calidad. Los colectivos del sector privado celebran la oferta de mano de obra con educación superior. El Departamento de Interior aprueba la legislación para poder hacer hincapié en otros grupos de inmigrantes irregulares que suponen una amenaza mayor.

Los críticos replican que la ley será una recompensa al comportamiento ilegal y un incentivo de futuros delitos. Pero estos inmigrantes, catalogados de ilegales, no han hecho nada ilegal. Están condenados a una existencia totalmente en la sombra a causa de las acciones de sus padres. Y la DREAM no es una invitación extendida a futuros inmigrantes irregulares a traer a su descendencia a América. Sólo los aspirantes que hayan vivido en América de forma ininterrumpida durante cinco años antes de la entrada en vigor del código podrán acogerse.

Los detractores citan el coste de la DREAM. La Oficina Presupuestaria del Congreso calcula que reduciría el déficit alrededor de 1.400 millones de dólares durante los 10 próximos años debido al incremento de la recaudación — elevando a continuación el déficit una vez que se tiene en cuenta un amplio abanico de prestaciones sociales. Un colectivo contrario a la ley dice que exigirá 6.200 millones de dólares en subvenciones educativas. Un estudio de la UCLA replica que los beneficiarios de la DREAM generarán entre 1,4 y 3,6 billones de dólares en renta durante su vida laboral.

Todo lo cual demuestra el limitado valor de las estimaciones partidistas de los costes, pasando los mismos datos a través de muchas cribas diferentes. El resultado de este conflicto depende de un cálculo económico más básico: ¿Esta categoría de inmigrantes trabajadores terminará siendo en última instancia una ventaja para América o un freno? Es un principio del capitalismo democrático y de la economía no-maltusiana que los seres humanos ambiciosos no son sólo bocas sino manos y cerebros. Son un recurso — el principal recurso de la futura riqueza.

Y la elección en esto no es entre la presencia de estos jóvenes inmigrantes y su ausencia. Nadie está proponiendo la deportación en masa de este colectivo concreto, que ocuparía el último lugar de la lista de objetivos hasta de los restriccionistas de la inmigración más entusiastas. La verdadera elección es entre permitir que estos jóvenes desarrollen su talento y formen parte del ejército, o no.

Cualquiera que sea su destino legislativo, la DREAM es eficaz a la hora de eliminar pretextos. Los detractores de esta ley no quieren la regularización de ningún inmigrante ilegal — ni siquiera de aquellos que personalmente no son responsables de ningún delito, ni siquiera los que demuestran sus habilidades y carácter. La ley DREAM será un potente incentivo para la asimilación. Pero para algunos, la asimilación no es el objetivo claramente. No tienen ninguna intención de compartir el honor de la ciudadanía con nadie llamado ilegal — ni siquiera los llegados siendo menores, que han crecido siendo vecinos y que estarían dispuestos a dar su vida por la causa de la nación.

Durante la actual legislatura saliente del Congreso, los Republicanos han sido rigurosos al hacer hincapié en las inquietudes económicas, a las que la opinión pública dio preferencia en los recientes comicios. Pero apoyar la DREAM trasladaría un mensaje útil — que algunos Republicanos victoriosos son capaces de gobernar por el bien de todos.

Michael Gerson

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