martes, noviembre 29, 2022

La supervisión partida del Congreso

El próximo Congreso tendrá la oportunidad de hacer algo que ha escapado a sus predecesores – que es dejarse de juegos partidistas a tenor de la Inteligencia e incrementar sus responsabilidades de supervisión. 

 

La clave de la reforma recae en los líderes Demócratas y Republicanos, que tendrán que refrenar sus instintos de clientelismo, electoralismo y politiqueo en la gestión de estos sensibles comités. Si el bipartidismo ha de funcionar en alguna parte, debería de empezar por la Inteligencia. 

 

El problema es que cuando se trata de Inteligencia, el Congreso no se ha mostrado dispuesto a barrer más que para su casa. Durante seis años ha ignorado las recomendaciones de la Comisión del 11 de Septiembre de reorganizar su sistema partido de supervisión de la esfera de la Inteligencia. 

 

La presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi (representante de la oposición en nada), ha agravado el problema al dispensar a los nombramientos del Comité de Inteligencia de la Cámara un trato de privilegio personal. Eso degrada a la comisión y a la gente que se elige para llenarla. Debería de tratar a la de Inteligencia como a una comisión más en vez de como su propio feudo. 

 

Dos reformas encarrilarían al Congreso por el buen camino de la mejor supervisión de la Inteligencia, un archipiélago disperso y mal administrado de organismos muy necesitados de dirección y vigilancia coherentes, en contraste con la búsqueda usual de culpables y las predicciones críticas. 

 

Lo primero que el Congreso debería de hacer es implantar las propuestas de la Comisión del 11S para simplificar y fortalecer la supervisión de la Inteligencia y de Interior. 

 

«La supervisión legislativa de la Inteligencia – y del contraterrorismo – ya es disfuncional», escribe la comisión. Los autores advirtieron de que al luchar el Congreso por conservar su estructura actual ineficaz, «De todas nuestras recomendaciones, la consolidación de la supervisión legislativa podría ser la más difícil e importante». 

 

Lo que preocupaba a la comisión es que las competencias del Congreso se reparten entre demasiados comités de jurisdicciones solapadas y prioridades burocráticas. Los miembros de un comité «carecen de las competencias, la influencia o la capacidad sostenida de confrontar este reto», destaca la comisión. Las responsabilidades se repartieron en parte según la división tradicional entre los funcionarios que asignan los fondos y los que tramitan los contenidos, sin dejar a ninguno las competencias ni los conocimientos para tomar decisiones solventes en torno a sistemas muy complejos que recaban información. 

 

La comisión recomendaba una de dos propuestas radicales para dar protagonismo a los supervisores: el Congreso podría crear un comité conjunto de Inteligencia, como el antiguo Comité Conjunto de Energía Atómica; o podría permitir que los actuales comités de Inteligencia de Cámara y Senado siguieran funcionando pero dándoles jurisdicción sobre la asignación de las agencias de Inteligencia. 

 

Cualquiera de estos enfoques habrían creado súper-comisiones con peso real. No prosperó ninguno. Ahora es momento de elegir una de estas rutas a una supervisión más sólida.

 

La situación en Interior es aún peor. A partir de 2004, los líderes del nuevo Departamento de Interior tenían la obligación de comparecer ante 88 comités y subcomités del Congreso. Esa carga se ha aliviado con la creación de nuevos comités de Interior en Cámara y Senado. Pero demasiados comités aspiran a un trozo del pastel.

 

Sería fácil, en principio, corregir la práctica de Pelosi de dispensar a los nombramientos Demócratas al comité de Inteligencia de la Cámara un trato de coto personal. La representación Demócrata puede privarle de ese poder por las buenas. 

 

Los tres primeros miembros Demócratas en formar parte del gabinete de Pelosi en esta legislatura – el secretario Silvestre Reyes, de Texas; Alcee Hastings, de Florida; y Anna Eshoo, de California – son más distinguidos por su lealtad a la presidenta de la Cámara que por su experiencia en Inteligencia. Hastings fue degradado y declarado culpable por el Senado en 1989 en un caso de sobornos que tuvo lugar siendo magistrado federal; no es lo que se dice un currículum ideal para alguien que tiene que proteger los secretos más preciados de la nación. 

 

Otro momento de duda fue la decisión de Pelosi de expulsar del comité a la congresista de California Jane Harman en 2006, justo cuando iba a ser su secretaria. Teniendo en cuenta que Harman era reconocida de manera generalizada como una experta en Inteligencia, eso se interpretó entre muchos observadores como política vengativa (las dos californianas llevaban tiempo rivalizando), en lugar de como buen liderazgo. 

 

El congresista de Utah Jim Matheson presentó una enmienda al reglamento de la representación Demócrata el mes pasado que da a los integrantes un voto de calidad al decidir quién es coordinador o secretario del comité de Inteligencia. Pero esa propuesta fue rechazada. Los Republicanos de la Cámara, por su parte, tienen la oportunidad excepcional de nombrar a un verdadero experto en Inteligencia, el ex agente del FBI de Michigan Mike Rogers, al iniciarse el curso político en enero. 

 

Las agencias de Inteligencia necesitan una mejor gestión y resultados. Es hora de que el Congreso intervenga creando comités a la altura del reto que es supervisar el espionaje. 

 

David Ignatius

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