martes, noviembre 29, 2022

La política como problema

El PNV asegura de vez en cuando que es más progresista que el PP, que es democristiano, que se encuentra lejos de la ideología que sustenta la política económica del PSOE, etc. A la postre, como se demuestra en cada ocasión importante, no tiene otra ideología que su particular nacionalismo. Ahora, a las puertas de la negociación de los Presupuestos de 2011, para los que el Gobierno busca desesperadamente apoyos, no plantea una política económica alternativa ni unos criterios de gasto público como base para un acuerdo; quiere, a cambio de su apoyo, que se le concedan reivindicaciones “de autogobierno” que, curiosamente, todas pasan por querer arrancar al presidente Rodríguez Zapatero alguna bofetada al Gobierno vasco de Patxi López. El presidente anda tan agobiado como desconcertado y no se sabe qué demonios negociará para ganar un poco de tiempo pero, desde luego, la actividad política del PNV no tiene nada que ver con la defensa de un planteamiento serio acerca de lo que haya que hacer con las cuentas públicas en unas circunstancias tan trascendentales como las actuales.

Como los socialistas están haciendo surf en olas que no han elegido –y que no saben muy bien cómo van a terminar- no se les ocurre otra cosa que responder con la misma moneda. En la negociación de los Presupuestos de las diputaciones forales se comportarán, en cuanto a lealtad y exigencia (o más bien deslealtad y olvido de los intereses ciudadanos), como los nacionalistas en el Congreso. Nada tienen que decir, al parecer, acerca del tipo de cuentas públicas convenientes para los vascos y para los objetivos generales de la política económica para abordar la crisis y tratar de salir de ella; las exigencias estarán en función de la actitud que el PNV tenga en el sostenimiento del presidente Rodríguez Zapatero. Les parece más útil, además, amenazar al partido de Urkullu, como él hace al PSOE, que confiar en que el presidente no ceda más de la cuenta e imponga, con los instrumentos legales de que dispone, una política económica general.

Con planteamientos tan elevados, la discusión de los Presupuestos –generales o locales- nada tiene que ver con lo que realmente convenga a los ciudadanos. Ni con legítimos planteamientos ideológicos sobre la política económica conveniente. Ni con criterios técnicos. Es, como se ve, “cosa de ellos”, de los políticos, un instrumento para sobrevivir, paga ganar tiempo, para darle una colleja al adversario, para que consigan algo. Muy instructivo. ¿A quién va a extrañar ahora que las encuestas revelen que los ciudadanos ven a los políticos como un problema?

Germán Yanke

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