viernes, diciembre 2, 2022

La economía española, en emergencia nacional

Uno de los periodistas económicos más leídos e influyentes de nuestro país, Jesús Cacho, ha publicado en nuestro colega El Confidencial un artículo espléndido por lo que cuenta y por lo que reflexiona, y del que no resisto la tentación de destacar algunos párrafos, como cuando se refiere la siguiente estremecedora perspectiva: “La combinación de dos crisis, la política y la económica -más grave la primera, por muy aparatosa que se presente la segunda-, ha colocado a nuestro país en uno de los momentos más críticos desde la Guerra Civil (…) El horizonte español de salida de la recesión era un buen puñado de años de estancamiento a la portuguesa, con crecimientos mínimos del PIB, altas tasas de paro y su correlato de empobrecimiento colectivo, pero ahora mismo se trata de algo más grave y urgente: la posibilidad de que una explosiva combinación de crisis de deuda y hundimiento de una parte sustancial del sistema financiero, fundamentalmente de las cajas de ahorro, se traduzca en una suspensión de pagos del Reino de España”.

Considera el reputado analista que constituye “un escenario agudizado por la situación de Grecia, obligada de facto a renegociar su deuda, que extiende su contagio a países con problemas de endeudamiento y de pérdida de competitividad como es España. Tras lo ocurrido esta semana, todo indica que estamos en un camino muy corto -probablemente antes del verano- y sin retorno, al final del cual se yergue la sombra de un crash de impredecibles consecuencias”. Bajo esta perspectiva, la actual situación de España es, en efecto, como apunta el articulista citado, la de un firme candidato a la situación de insolvencia de quien gasta más de lo que ingresa, con la gravedad añadida de que “los españoles sabemos ya que Rodríguez Zapatero no acometerá las reformas que la situación demanda a gritos, y lo peor es que lo saben también los inversores extranjeros. También sabemos que si desde dentro no acometemos el ajuste de grado, desde fuera nos lo impondrán por fuerza”.

Resulta estremecedor el muy fundamentado análisis de Cacho: “Con los ingresos fiscales cuesta abajo, el servicio de la deuda cuesta arriba (el diferencial entre la rentabilidad del bono español a 10 años y el alemán se ha disparado a 164 puntos básicos, con aumento del 67% desde el lunes) y la ausencia de planes serios de recorte del gasto, los desequilibrios básicos no hacen sino aumentar y a gran velocidad, retroalimentando la desconfianza radical de los mercados financieros tanto en la sostenibilidad de las cuentas públicas como en la existencia de un horizonte de salida de la crisis”.

El final del final es que no hay salida al otro lado de la puerta mientras el que tenga que cruzarla sea el actual Gobierno. Nos encaminamos hacia el desastre, maniatados por un Gobierno incapaz de afrontar medidas de austeridad fiscal, aterrorizado ante la sola idea de entrar al saneamiento del sistema financiero, estanco a cualquier tipo de reformas estructurales, incapaz de ordenar las finanzas públicas. Y Jesús Cacho llega a la tremenda conclusión de que, para evitar el desplome económico-financiero de España, “la solución ya sólo puede ser política”, por lo que “cada día parece más necesario un adelanto de las elecciones generales”.

La responsabilidad de reclamar elecciones anticipadas no es sólo de la derecha política, sino del conjunto de los grupos parlamentarios. Es también, y muy fundamental, de la ciudadanía en general y especialmente del empresariado, que no puede retrasar por más tiempo una toma de posición rotunda y pública. La falta de capacidad de respuesta ante la crisis pese a la gravedad de la situación hace que el Gobierno fíe todo a las artes de la propaganda y se limite a lanzar mensajes de tranquilidad sin fundamento para y sólo para ganar tiempo, lo que puede agravar las dimensiones y la profundidad del desastre. En las circunstancias actuales de España, el adelantamiento de las elecciones generales es ya una exigencia de moral política, porque es demasiado lo que España -esto es, los españoles- puede perder en el precipicio de una crisis en la que nos hundimos con intensidad y rapidez crecientes y que reclama una respuesta nacional y democráticamente consensuada por el más amplio espectro posible de las fuerzas políticas, económicas y sociales del país, incluido el PSOE, naturalmente.

Carlos E. Rodríguez

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