sábado, noviembre 26, 2022

Gómez contra Blanco

Es interesante la discusión planteada entre los socialistas madrileños, por encima o por debajo de las discrepancias entre Tomás Gómez, líder del PSM, y el vicesecretario general y ministro José Blanco, acerca del carácter «federal» del partido. Para algunos alcaldes, que consideran un error las bravatas de Gómez, el PSOE es un partido federal y no una federación de partidos, con lo que las reclamaciones de «autonomía» debe entenderse dentro no sólo de una política sino también de una estrategia común. Alguno añade, no sin ironía, que las cosas son tan así que Gómez fue propuesto, ante los fracasos electorales anteriores, por la dirección federal.

He dicho que es interesante y debería haber concretado: podría ser interesante para ver si así, a base de particularismos un tanto cutres puestos sobre la mesa, nos desquitamos de la voraz y atenazadora manía de poner trabas a las políticas generales -gubernamentales y partidistas- en beneficio de intereses locales. Locales, parciales y provincianos. Véase, por ello, el fondo del asunto. Gómez recela de Blanco porque piensa que le torpedea su candidatura adelantada a la presidencia de la Comunidad Autónoma y, para ello, no se le ocurre otra cosa que comentar en su Ejecutiva que los acuerdos del Ministerio de Fomento con el Gobierno de Madrid son espaldarazos a Esperanza Aguirre. Esta autonomía predicada, como se ve, es cosa de la mochila de pequeñeces de cada cual y el ministro Blanco debería bloquear los servicios y las infraestructuras de los madrileños porque allí gobierna el PP y hay que asfixiarlo.

El problema para Gómez es que Blanco, como otros, desconfía de las posibilidades electorales del actual secretario general de los socialistas madrileños, coincidiendo con la percepción general y con las encuestas que siguen dando mayoría absoluta, a pesar de la irrupción del partido de Rosa Díez, a Esperanza Aguirre. Es cierto que Blanco desconfió también de las que podía tener el anterior candidato, Rafael Simancas, pero su sucesor ha sido menos eficaz y más amigo de sumar resentidos con Blanco (como los sectores guerristas y los más a la izquierda) que de organizar un partido serio y poderoso como para convertirse en alternativa. Simancas padeció los embates internos y externos (de Ferraz) y a Gómez, que se lo tendrá que agradecer, parece que, por interés, sólo le quedan los federales después de haber puesto toda la confianza en él.

El problema de los socialistas madrileños no es, desde luego, Blanco. Y seguramente al bienintencionado vicesecretario no le bastará con buscar, si es que busca, otro candidato. La fuerza del PP en Madrid viene acompasada con el lastre de los problemas internos de los socialistas, con la incapacidad para hacer visible una alternativa realista y alejada de bandazos opositores un poco infantiles, de la falta de una presencia social que, por las características de la región y por la historia del PSM, debería tener. Este nuevo episodio de desavenencias, administrado por Gómez con muy poca habilidad y argumentos extravagantes, no hace sino confirmar una tendencia que mantendrá al PSOE madrileño en la oposición.

Germán Yanke

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