sábado, abril 13, 2024
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Seguridad nuclear y desarme

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En la reciente Cumbre de Seguridad Nuclear nadie se ha desarmado. Tiene bemoles -y no precisamente musicales- que los países que cuentan con mayor número de cabezas nucleares, vean la ojiva en el proyectil ajeno y se olviden del arsenal que tienen en casa. ¿Cuándo actuarán con coherencia y darán un paso al frente para deshacerse de sus dispositivos nucleares explosivos transformando, de esta forma, la utopía del desarme total en existencia efectiva?

Les preocupa que lo que ellos han creado caiga en manos malintencionadas. A mí también me alarma, por supuesto. ¿Por qué no lo pensaron mientras realizaban sus experimentos militares con elementos químicos radiactivos? ¿Puede alguien construir una bomba atómica y disponer de ella para otras actividades que no sean las propias de su naturaleza bélica?

Quizá en Washington, entre chupitos de bourbon y vodka, sólo pretendían instituir el ‘International Museum of Nuclear Power’, en cuyas salas temáticas podremos admirar distintos modelos de misiles, flujos de partículas y, de paso, enseñar a nuestros hijos cómo manejar, de manera segura y con fines pacifistas, el uranio altamente enriquecido y el plutonio.

Cuando escuché por la radio que los presidentes Obama y Medvedev habían firmado en Praga un acuerdo (el Nuevo START) de desarme nuclear, me sentí alegre y esperanzada ante tan godible anuncio. Más tarde supe que se trataba de una medida parcial para salvar las apariencias y cumplir con el artículo VI del Tratado sobre la no Proliferación de las Armas Nucleares -texto que entró en vigor el 5 de marzo de 1970 pese a que fue redactado en 1968-, con cuyo articulado los firmantes se comprometían, hace más de cuarenta años, «a celebrar negociaciones de buena fe sobre medidas eficaces relativas a la cesación de la carrera de armamentos nucleares en fecha cercana y al desarme nuclear, y sobre un tratado de desarme general y completo bajo estricto y eficaz control internacional.» Con el START, EEUU y Rusia limitan el número de sus cabezas nucleares a 1.550 unidades para sus respectivos arsenales.

Según manifestaciones de diversos expertos, las armas atómicas existentes en el mundo disponen de suficiente capacidad para aniquilar el planeta en unos minutos y hacerlo, además, en varias ocasiones. No se preocupen, eso era antes de la firma de este convenio. En hodierna situación, es posible que gracias a esta reducción armamentística, la Tierra sólo sea destruida una vez, las sucesivas las observaremos desde la bóveda celeste cuando seamos, ni más ni menos, un manojo de moléculas fractales cuya radiación viaje, desperdigada, a través de un nuevo agujero negro.

Mariam Budia

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