miércoles, diciembre 7, 2022

Hay margen pero…

Los datos de los precios del mes de marzo, adelantados a primeros de abril y, ahora confirmados por la encuesta mensual del Instituto Nacional de Estadística, no ofrecen diferencia alguna. El IPC interanual, el que va de abril de 2009 a marzo de 2010, se sitúa en el 1,4%. Ahora hay que saber cual es el comportamiento de los precios en los otros países que componen la llamada eurozona para poder pronosticar, con cierto conocimiento de causa, la política monetaria que llevará a cabo el Banco Central Europeo en los próximos meses, y de la cual dependerá la evolución de los tipos de interés y del crédito.

Según dijo el presidente del BCE, Jean Claude Trichet, hace una semana, «la situación está controlada a pesar de que se advierte cierto rebrote inflacionista». Hasta llegar al 2%, que es el objetivo del Instituto Emisor Europeo para mantener la actual política monetaria de tipos bajos, todavía queda margen. Pero existen elementos inquietantes, al menos en España, que se desprenden de los datos del INE.

La inflación subyacente, la que resulta si se descuentan los precios de los productos energéticos y los alimentos no elaborados, es decir, la inflación más estructural, ha subido una décima respecto a febrero, situándose en el 0,2%. Así pues, va a depender, en cierta medida, del comportamiento de los precios de los carburantes la posible estabilidad de precios o un repunte que sería perjudicial y supondría un nuevo frenazo a la incipiente recuperación económica que vive Europa.

Y, si nos basamos en esa tesis, las cosas no están para muchas fiestas. El cártel que conforman los miembros de la OPEP ya ha avisado de que el precio del barril va a seguir subiendo. Es muy probable que no llegue a los cien dólares, pero la cota de los 90 es fácilmente alcanzable si se mantiene la tendencia. Parecen surgir, de nuevo, los tan temidos componentes especulativos que juegan con los precios energéticos. Y no hay manera de controlar dichas acciones. El mundo de los especuladores, sean del tipo que sean, no entiende de economías fuertes o débiles o de recuperaciones. Son los más insolidarios que existen en el mundo. A tipos como George Soros y compañía no se les puede pedir una actitud patriótica o solidaria. Quieren hacer dinero fácil y rápido y lo demás les importa un comino.

Como es muy difícil luchar contra este tipo de componentes, lo más probable es que un elemento que incide directamente en la inflación, como es el petróleo, provoque una subida de precios que a nadie conviene. Y si la inflación se dispara, las palabras tranquilizadoras de Trichet pasarán al baúl de los recuerdos. El BCE se verá obligado a tomar medidas. Unas medidas que no beneficiarán a la ciudadanía, sino todo lo contrario.

Ernesto Carratalá

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