jueves, diciembre 8, 2022

Tradiciones en riesgo

La Semana Santa ofrece tradiciones, costumbres y ritos que afortunadamente permanecen, gracias a Dios y nunca mejor dicho, aunque en determinados momentos pensemos que la sociedad va por otro lado. Todo lo contrario.

Es el caso de las procesiones o las representaciones teatrales sobre la llamada Pasión, que ambas cuentan con una gran asistencia de público llevado bien por creencia, cultura o espectáculo. Todos son bienvenidos a estas manifestaciones en las cuales nazarenos, actores y espectadores actúan con el mismo respeto, aunque tal vez no todos sientan parecido fervor. Atención a esta última palabra: fervor. Es la más utilizada en estos días y desaparecerá el próximo Domingo de Resurrección.

Otra tradición, más reciente, es que las «teles» ofrezcan cada año la misma cartelera. Ya saben: Ben-Hur,Los Diez Mandamientos y algunas más que ustedes ya conocen.

Todo este preámbulo solo pretende describir un paisaje tradicional que todos conocemos y que me permite denunciar una excepción: ¿qué se ha hecho de las palmas del Domingo de Ramos? Seguro que muchos de ustedes las recuerdan: altas y austeras para los hombres y cardadas o trenzadas con infinita habilidad para las mujeres. En esta última versión existían auténticas maravillas tanto en tamaño y diseño. Incluso se fabricaban unas trenzaditas en miniatura para las solapas de los caballeros, que seguro serían la envidia y admiración de cualquier japonés. ¿Qué pasa? ¿Es que ya no hay palmas o lo que faltan son solapas?

Parece ser que son solapas, pues en Elche se siguen produciendo. Concretamente 100.000 al año y aproximadamente un 30% se exportan a países europeos. Son datos reales. Uno ha hecho sus deberes. 70.000 para toda España. No son muchas, quizás por ello servidor lleva años sin ver alguna. Y eso que el destino final de las mismas es permanecer expuestas en los balcones de las casas durante el resto del año. A la vista de todo el mundo.

Resulta que una palma es, junto al olivo, la planta más propia de estas fechas. Incluso me atrevería a decir que es la auténtica, ya que desde jovencitas les ponen su caperuza correspondiente para preservar el color casi blanco que las distingue. Es decir es una planta nazarena de los pies a la cabeza.

Pues bien, toda una tradición que proviene del Siglo XV creo que está en cierta decadencia. No en Elche, pero si en el resto de España. De ahí mi queja, denuncia y reflexión. Uno piensa que tal vez se debe a que ya no se construyen casas con balcones.

Paco Fochs

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